#LaCueva

Ya, ya; lo sé, lo sé. Aún tengo pendiente publicar esa entrada sobre los Ignotus, pero la he reescrito unas cuantas veces (perfeccionista de mierda que es una) y todavía no está lista. Así que he pensado que estaría bien desvelaros el proyecto en el que he decidido pringarme, #LaCueva, porque me quejo de falta de tiempo, pero está claro que soy masoca y… ¿quién dijo estrés? XDDD

La idea

Surgió hace unos meses mientras charlaba por email con un amigo por otro asunto que no tiene nada que ver. Al finalizar la conversación empecé a dar vueltas alrededor de una idea: ¿qué ha cambiado desde 2013 (con mi primera nominación a los Ignotus) hasta ahora? Y con esto me refiero a que en los dos últimos años he pasado de ser una completa desconocida, a pesar de haber sido finalista en dichos premios en varias ocasiones, a que la gente quiera saber más de mí. ¿Por qué?

La respuesta hay que buscarla en 2016; año en el que participé en una mesa redonda en el Celsius y en la que diría que alrededor del noventa y pico por cien de los asistentes no sabía quién era yo (bueno, y probablemente tampoco supieran quién era Lola Robles o Nieves Delgado, por ejemplo), aunque por aquel entonces, como digo, ya tenía unas cuantas nominaciones a cuestas y hasta me habían traducido al inglés.

Para mí, este es un ejemplo clarísimo del problema de visibilidad que existía hace unos años, y lo más seguro sea que 2016 se mencione en estudios posteriores como punto de inflexión. Porque aquella mesa redonda fue un comienzo, cierto, pero terminó de germinar con proyectos como La nave invisible (aunque sus creadoras llevaban gestándolo desde principios de ese año), #LeoAutorasOct, Adopta una autora o (no es por echarme flores) la creación del grupo de GR #LeoAutorasFantásticas, entre otros.

Ahora bien, soy consciente de que nada de esto habría sido posible (me refiero a la reivindicación de autoras en igualdad de condiciones) sin la existencia de las RRSS y el enorme impulso que le da al boca a boca. Por otro lado, los lectores actuales tampoco se conforman solo con leer obras, sino que quieren saber quién es la persona que hay detrás de esos textos, qué piensa, qué intereses tiene… En ese sentido, tener un blog ayuda, pero no siempre es suficiente. Las intervenciones en Twitter también aportan, pero donde de verdad he visto «picos de popularidad» es en la participación en podcasts y, sobre todo, en charlas por hangouts. Lo entiendo perfectamente, porque no solo quiero oír lo que la autora o autor tiene que decir, sino que quiero ver su jeto mientras lo dice, el tono, las maneras…; quiero sentir esa conexión.

Dicho esto, estoy enormemente agradecida a quienes me han dejado un hueco para expresarme o se han emocionado y compartido mis idas de pinza del blog. Todo ello me ha ayudado muchísimo y, como soy de las que piensa «Haz lo que te gustaría que hicieran por ti», decidí apoyar a mis compañeras de profesión, con las mismas herramientas que me han servido de trampolín y con la intención de que ellas también tengan voz; sabiendo, además, que tienen cosas muy interesantes que contar.

Y con eso en mente se consolidó la idea de #LaCueva.

Ilustración del artista noreefly

Ilustración del artista noreefly

Pero ¿qué es #LaCueva exactamente?

Pues #LaCueva es un canal de Youtube (que aún no podréis encontrar, aviso) en el que cada tres meses (idea que he cogido de 3 marcianos y medio y que me viene de perlas dado que estoy a mil cosas) subiré una charla/entrevista con otras autoras y tendrá una duración de unos 30-40 minutos.

Cada episodio se centrará en un tema específico de género fantástico y las autoras invitadas (entre dos y tres, aparte de mí, of course) serán especialistas en el tema escogido.

Premisas

Algo que tuve muy claro desde el principio es que este es mi proyecto personal y que me lo f@#! cuando y como quiero. Si una no está a gusto con lo que hace, apaga y vámonos. Así pues, estas son mis reglas:

  1. Duración corta. Quizás haya quien piense que 30-40 minutos es poco, pero si algo ha demostrado NeoNostromo es que es tiempo de sobra para no divagar y centrarse en lo importante. En esta era de prisas, mejor centrarse en la calidad frente a la cantidad, ¿sí?
  2. Ya tengo pensados los temas para los cinco primeros capítulos (lo que al menos me dará para un año de vida del canal) además de buena parte de las autoras con las que quiero contar. Para más adelante aceptaré sugerencias, pero ahora mismo, no.
  3. Las autoras invitadas siempre serán mujeres a las que haya leído y me hayan gustado o crea que aporten cosas interesantes al género. Para el año que viene espero ampliar mi lista de autoras (gracias, Cerbero), pero insisto por si acaso: solo entrevistaré a autoras que haya leído.
  4. Si la cosa sale bien, ampliaré temas y gente invitada a la que quiera dar voz. De momento: solo autoras, porque, de verdad de la buena, hace falta.

Primer programa

El primer programa será sobre cifi hard. ¿Por qué? Porque si se supone que somos pocas escribiendo ciencia ficción, de hard ya ni hablamos, ¿no? Pues a ver qué tienen que decir mis invitadas y una servidora.

Y ¿quiénes serán esas autoras? Agarraos bien:

Por cierto, mil gracias a las tres por aceptar esta locura y por vuestra paciencia para concertar cita.

¿Cuándo saldrá el primer capítulo? No queda nada. En serio. Permaneced atentos.

Expectativas

Pues no lo sé. No tengo ni idea del interés que puede generar esto, pero me hace mucha ilusión. Personalmente, me muero de ganas por hablar con algunas de las autoras que solo conozco por lo que les he leído y me encanta la posibilidad de charlar con ellas cara a cara. Solo me queda esperar el no ser la única que opina lo mismo. Supongo que… el tiempo dirá.

Y a ti, de partida, ¿qué te parece? ¿Hay ganas de ver el primer episodio?

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Conclusiones a la propuesta de incluir la categoría de Novela juvenil en los Premios Ignotus

Bueno, bueno, gentecilla. Ha llegado el momento de analizar las respuestas y el feedback que he recibido tras la entrada que publiqué hace unas semanas: «Literatura juvenil. ¿Categoría en los Ignotus?». He querido dejar un tiempo para repasar con calma y perspectiva no solo lo que se ha comentado a través del blog, sino en otras redes, además de charlas con otra gente a través de Skype; y la conclusión o conclusiones son un tanto agridulces para mí.

Como buena noticia, la gran mayoría respondió de manera afirmativa y con un argumento que me parece contundente: sí a la categoría porque hace falta incorporar sangre nueva/joven a la lista de votantes, o al menos que se interesen por estos premios. Y de los que no lo tenían tan claro o, directamente, decían «No», aunque pocos, sus argumentos me parecieron muy razonables:

  1. El YA no es más que una etiqueta comercial con una línea de separación difusa. Una obra de estas características podría quedar, perfectamente, como finalista en la categoría de Mejor Novela, sin más.
  2. ¿De qué sirve crear la categoría si al final votan los mismos de siempre y, por tanto, puede quedar tan «pobre» como otras? Por ejemplo, la de cómic.

Ni que decir tiene que estos argumentos me dieron que pensar. Así pues, decidí ser paciente y esperar la reacción de los «verdaderos» implicados: los lectores asiduos de juvenil.

Soy consciente de que mi público lector, además del target de seguidores en FB y Twitter, no va por estos derroteros; pero sí tengo contactos que se asocian con el sector juvenil, por lo que cuando compartieron o retwittearon la noticia (por cierto, muchísimas gracias por darle difusión) me aseguraba, en cierta forma, alcanzar la atención de los interesados. Sin embargo…, no, no; desgraciadamente, la respuesta ha sido casi nula. Parece ser que a los lectores jóvenes les importa poco si se incluye o no una categoría que los represente porque, básicamente, estos premios no les dicen nada; y ahí es donde creo que radica el verdadero problema: aunque incluir la categoría de Novela juvenil en los Premios Ignotus se muestra como algo bueno y necesario, a día de hoy es inútil. ¿Por qué? Dejadme que os lo liste, todo según el feedback que he recibido y las consiguientes apreciaciones, claro:

  1. Los Premios llevan veintiséis años vigentes, sin embargo, la relevancia no los acompaña. Mucho me temo que seguimos siendo cuatro gatos quienes los conocemos y los apreciamos.
  2. No me desprendo de la sensación de que a los jóvenes les daría igual que una obra fuera finalista o ganadora de los Ignotus, de la misma forma que no mirarían si tiene un Hugo, un Nebula o whatever en su palmarés. Algo que me parece muy sano, ojo, y corrobora la idea que tengo de que, al contrario que a los adultos, los premios no son tan relevantes para ellos a la hora de escoger lectura. Oye, chapeau por otro lado. En ese sentido soy igual.
  3. Si el esfuerzo por incluir la categoría viene de gente que, como yo, no lee juvenil (o sí) y espera que con ello vengan hordas de jóvenes a inscribirse en el listado de votantes para incorporar «sangre nueva», apaga y vámonos. No va a suceder. La iniciativa debe venir de los propios interesados, pero volvemos al punto 1. ¿Qué representan los Ignotus? ¿Los conocen siquiera? ¿Qué se está haciendo para publicitarlos? Uno de los argumentos más enarbolados para despreciarlos es que se tratan de premios a la popularidad. Ajá. ¿De qué popularidad estamos hablando, exactamente, cuando tantísima gente los desconoce?
  4. Ya hay premios de novela juvenil, ¿no? Eso por un lado. Por otro, me da en la nariz que no es que quieran una mención específica para darles visibilidad, sino que se reconozca que no leen (o escriben) «literatura menor». Y de nuevo volvemos a los puntos 1 y 2. El ruido y la implicación (publicidad, solicitud de voto, etc.) para que una obra aparezca como finalista en la categoría de Mejor novela debe venir de su parte; pero, una vez más, ¿por qué no es así? Porque no conocen los premios ni les ven relevancia. Así de simple. Y ojo, hablo de un «ellos» que se extiende más allá del fandom, porque fuera de este último ocurre lo mismo, lo mismo. Creemos que somos un montón, pero no es cierto. En mi caso, por ejemplo, hasta los treinta no descubrí qué era eso y llevaba toda la vida leyendo género fantástico. La suerte quiso que me enterara de la existencia de estos premios, así que imagino que hay muchos más que como yo fui una gran desconocedora en su día.

Dicho todo esto, no me opondría a la inclusión de dicha categoría en los premios, al contrario. Ahora bien, objetivamente, a día de hoy, no creo que eso suponga un «despegue» de los mismos en cuanto a popularidad. Insisto: la percepción que tengo es que los jóvenes no se van a inscribir en masa en la lista de votantes porque de pronto aparezca dicha categoría. Si ya cuesta que el friki medio se tome la molestia de mandar un email con sus datos para ser incluido en el censo, ¿por qué iba a ser diferente en este caso?

Para mí, ser finalista de los Ignotus es un gran honor porque supone un reconocimiento importante a mi trabajo. Sin embargo, y por poner un ejemplo, las grandes editoriales no se pegan por mí, a pesar de tener tantas nominaciones a cuestas (desde aquí, mil gracias a la pequeñas y medianas por interesarse). Así pues, quizás hay que trabajar un poco más, o mejor dicho, en serio, para dar a dichos premios la publicidad y el reconocimiento que se merecen y, entonces, quizás venga esa gran masa lectora a pedir el hueco que les corresponde.

Cuando así sea, tendrán todo mi apoyo, por descontado. Como alguien que aborrece los prejuicios, vengan de donde vengan, me dejaré la piel en vuestra causa. Mientras tanto, no voy a luchar batallas que no me corresponden. Ya tengo bastante con las mías, aunque, francamente, la implicación de los responsables debería de ser mayor y no limitarse a que los demás les hagan el trabajo «sucio». Pienso yo.

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Literatura juvenil. ¿Categoría en los Ignotus?

Hace ya un tiempo, tras publicar la entrada «Finalistas Ignotus 2017: una reflexión breve no tan breve», tuve la oportunidad de mantener una conversación por Twitter con Iria G. Parente, que ha escrito a cuatro manos novelas como Rojo y oro o la trilogía Secretos de la luna llena, entre otros títulos juveniles, junto a Selene. ¿Qué propició dicha charla? Pues que en una de las anotaciones de ese artículo comenté que tenía la sensación de que había un desprecio, por parte de los votantes de dicho premio, hacia la literatura juvenil (donde, precisamente, predomina la presencia de autoras) y que quizás por ello no ha habido tantas nominadas en los veintiséis años que llevan vigentes los Ignotus.

Bueno, bueno. Antes de nada, quiero recalcar algo que ya comenté en dicha entrada y añadir un punto extra:

  1. Durante muchísimo tiempo los votantes han sido pro cifi, y eso se reflejaba tanto en el listado de finalistas como en los ganadores. Así pues, teniendo en cuenta lo poco que nosotras nos prodigamos en este género (mientras lo petamos en fantasía), parece lógico que nuestros nombres no salieran más a menudo.
  2. Sí que ha habido nominaciones a obras de corte juvenil, pero de autores extranjeros en su  mayoría. Y decir autores no es emplear el masculino genérico. Es como si autor y extranjero subiera puntos en excelencia, y entonces ya no importa que sea juvenil: la obra se convierte en «literatura».

Aclarado esto, prosigamos…

Durante la conversación con Iria me resultó evidente la rabia que esta llevaba dentro y el grito de «Estoy hasta los cojones de vuestro desprecio». Bueno, no lo dijo con esas palabras, pero así lo sentí, y es que aunque soy una asocial de mierda también soy muy empática, y los prejuicios me sacan de quicio tanto si me afectan personalmente como si no. Este caso es uno de ellos.

A ver, no leo juvenil por motivos que ahora no vienen a cuento (y recalco el «leo»), pero jamás entenderé que se la considere literatura menor. Vamos a ver, coño, eso es como despreciar las obras de género fantástico porque solo el realista es mierda de la buena. Ante eso digo: y un cojón de vaca. No, no voy a pedir disculpas por mi francés; las cosas como son: el esfuerzo de escribir es el mismo, solo cambia el objetivo potencial. Por otro lado, asumir que los jóvenes no tienen criterio lector es como asumir que los frikis de cifi, por ejemplo, tampoco lo tenemos porque solo queremos navecitas, y listo. Oh, pues mira, ya que sale el tema, a ti, lector de cifi de la juena, te digo una cosa: no me desprecies porque también me gusten las batallas espaciales y la cifi palomitera. No es tan fácil de escribir como parece. Malditas etiquetas que solo sirven para crear guetos de superioridad

Bueno, bueno, que me exalto toa y he venido a hablar de otra cosa. Como digo, después de aquella conversación, estuve dando vueltas a una idea: ¿Sería muy descabellado incluir la categoría de novela juvenil en los Ignotus y así darle el tratamiento/visibilidad que merece?

Por supuesto, para mí tenía todo el sentido del mundo. Además, ya tenía como referente a los Premios Kelvin que organiza el festival Celsius (consciente de que buena parte del grueso de sus asistentes es consumidor de literatura juvenil y el que forma las colas más largas para la firma de libros). Si solo tuvieran la categoría de novela nacional y extranjera, a secas, ¿cuántos miembros del jurado votarían por una novela juvenil? Sospecho que muy pocos; quizá ninguno; tal vez estoy metiendo la pata, pero de nuevo vuelvo a los Ignotus y lo que lleva sucediendo desde hace años. Así pues, no parece tan loco que se incluya la categoría en este premio, ¿no?

Sin embargo, y para mi sorpresa, cuando comenté esta reflexión con otra gente de mi entorno la respuesta fue un «No» rotundo. Paso a listar algunos de los argumentos que me dieron:

  1. A los Ignotus no le faltan categorías, le sobran.
  2. Es lo mismo que crear una categoría para autoras o de géneros específicos (cifi, fantasía, terror). Si la novela lo vale, no necesita un tratamiento especial.
  3. La lista de votantes se nos va a llenar de «críos» que pueden desvirtuar otras categorías con sus votos.

Ni que decir tiene que no estoy de acuerdo con los puntos 1 y 3, especialmente el último, pero sí es cierto que el 2 hizo que me parara a pensar con más detenimiento: el peligro de abrir la puerta a que los premios se llenen de siene y siene de categorías.

Subjetivamente, no me parecería mal que se incluyera la categoría de obra novel, por ejemplo, o de la que estoy hablando ahora: novela juvenil; aunque sí me parecería excesivo diferenciar por sexo u orientación o crear categorías de género literario específico cuando ya existen premios así, como por ejemplo los Nocte, entre otros.

Ahora bien, no consigo quitarme de la cabeza que la novela juvenil bien merece una categoría en los Ignotus, ya no por una cuestión de visibilidad, sino de reconocimiento.

Cierto es que las novelas juveniles que se publican en la actualidad no son como en mi época. Antes, las editoriales eran más estrictas con el contenido de dichas obras, mientras que ahora, si no me equivoco (y si me equivoco, que alguien me corrija), se permiten tacos, violencia, relaciones no normativas…, pero no sexo explícito, porque eso ya sería de adultos. Siendo así, escribir juvenil debería de ser fácil, no obstante, a mí no me lo parece. A lo mejor es que soy muy cortita, pero lo he intentado varias veces y he tenido que dejarlo por imposible. Por no hablar de que si de verdad fuera tan sencillo, y teniendo en cuenta lo bien que se vende el juvenil, muchos autores se habrían puesto a escribir alguna novela para sacarse unas perrillas, ¿no? Aunque claro, ¿no la escriben porque no se ven capaces, o porque no quieren «rebajarse»? El fantasma del prejuicio revolotea.

¿Qué quiero decir con todo esto? Bueno, para empezar, aunque no se puede entender la literatura juvenil como un tipo de formato o un género específico, a mí entender sí tiene una serie de características que la hacen reconocible cuando nos enfrentamos a su lectura, y la calidad, como cualquier obra de cualquier género, depende de la pericia de quien la escribe, no mengua por el público al que va dirigido. Por ello, sí creo necesaria la inclusión de esta categoría en los Ignotus, no en plan «Ay, pobrecito, vamos a dejar un huequito al nene, aunque nos ensucie la mesa», sino más bien «Te reconozco como uno más de la familia, con todo lo que ello implica». Y es que, le pese a quien le pese, juvenil no es sinónimo de literatura menor, como el fantástico tampoco lo es respecto al generalista. Tampoco es sinónimo de mala calidad, porque mira que se publica mucha mierda en la literatura adulta, pero a nadie se le ocurriría generalizar de esa manera a esta última, ¿verdad?

No sé qué pensaréis los demás, pero esta es mi postura, que se reforzó hará cosa de un mes cuando comenté en Twitter que estaba pensando escribir algo diferente a lo que estoy acostumbrada, y alguien respondió «Juvenil no, puaj». Me sentó como una patada en el estómago. Para mí fue como si me hubieran dicho «Space opera no, puaj». Ni me molesté en contestar y estoy segura de que esa persona no pasará del título de esta entrada o leerá el texto sin prestar atención a los argumentos, porque en su mente solo hay cabida para el «Puaj», nada más. Sea cual sea el caso, dejo ahí la pregunta:

¿Creéis que debería incluirse la categoría de Novela juvenil en los Premios Ignotus? ¿Razones a favor? ¿En contra?

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