Concepción Perea…, ¡te elijo a ti!

AdoptaUnaAutoraHace unas semanas me enteré a través de Twitter de algo que me dejó estupefacta. Y es que dentro del proyecto Adopta una autora, con ¡cuatrocientos! colaboradores y cuatro meses desde que arrancó, nadie había adoptado aún a Concepción Perea. ¿En serio? Gente, mundo, ¿en qué estás pensando?

Por supuesto, ante esta injusticia he decidido sacar tiempo de debajo de las piedras y ponerle remedio: la adopto, porque Concepción, Concha, lo merece de sobra, y os voy a explicar por qué.

Primer encuentro

Conocí a Concha en el Celsius de 2013. En aquella edición, aunque se presentaba el Terra Nova 2 (antología que empezaba con mi novela corta), yo no estaba en la lista de autores invitados. Esos días trabajé en la caseta de Fantífica como azofaifa, explicando a la gente qué era la web, por qué era molona, animaba a que se apuntaran al sorteo de libros… Fue una experiencia de esas que no olvidas, sobre todo la parte en la que se me quedó grabado quiénes me trataban como persona y quiénes no. Me explico:

Está claro que yo solo era una currela y que en un trabajo de cara al público pues te encuentras de todo. Ahora bien, hubo ciertas personas (no diré nombres) que me trataron como si yo fuera «la plebe», negándome el saludo incluso. No le di mucha importancia, como digo: esas cosas pasan; sin embargo, fue revelador que volvieran un rato después a la caseta, todo sonrisas y candor, y me dijeran «Anda, nos han soplado que tú eres la autora de La textura de las palabras. ¿Por qué no nos has dicho nada? ¿Cómo lo llevas?».

Para hipócrita: yo, claro. Fui lo más maja del mundo. A fin de cuentas, formaba parte de mi curro, aunque no dejaba de pensar «Oh, vaya. Así que de repente me he vuelto persona. Antes era la que trabaja por un jornal, como los pobres».

Por otro lado, me encontré justo lo contrario. Gente que se acercaba y me daba conversación porque, bah, es un curro ingrato y pesado, así que se quedaban y me amenizaban la jornada aunque fuera un ratito. Luego, algunos volvían para decirme: «Me acabo de enterar de que eres Felicidad Martínez. Jo, siento no haberte reconocido antes». Por supuesto, me quedé con los nombres y las caras de esta gente. Quizás Concha no lo recuerde, pero no olvido que estaba en este último grupo y que me trató como persona en todo momento. Antes y después.

Primer acercamiento a su obra

En una de estas conversaciones en el Celsius, empezamos a hablar de rol, eso derivó el tema a la creación de personajes femeninos y de ahí a Nicasia, la protagonista de La corte de los espejos.

Todo lo que me estaba contando me pareció superinteresante y, en cierto momento, le confesé que aunque la portada me parecía muy cuca, me había hecho una idea totalmente distinta sobre la novela y que por eso no había tenido el menor interés por ella… hasta entonces. Me iba a hacer con un ejemplar y la iba a leer de inmediato. Y vaya si hice bien.

concha_perea

Me encanta esta foto de Concepción Perea

Devoré La corte de los espejos en dos bocados. Yo, que arrugo la nariz con novelas de más de cuatrocientas páginas; yo, que antes de los treinta decidí que la fantasía no es mi rollo. Pues me enganché desde el arranque, me enamoré de Nicasia… Aunque no dejaba de tener la sensación de que estaba ante el JdR Changeling (por las razas que se describen; mitología feérica de siempre y que solo conocía a través de este juego), la historia era mucho más adulta; el mundo, gris; los personajes, complejos. Incluso cuando en cierto momento de la novela la trama se ralentizó leí al mismo ritmo, incansable. Y no era solo por todo lo que acabo de decir, que no es poco, sino la sensación constante que tuve de «Esta mujer conoce su herramienta de trabajo y, además, la cuida».

Ya sabéis lo pejigueras que soy en ese sentido (y con los años, más), pero es que es un tema que, aunque debería ser obvio, merece ser recalcado. Especialmente, porque estamos hablando de una primera novela, SU primera obra publicada, y me costó creer que así fuera porque la calidad era impresionante. «¿Dónde ha estado esta mujer todo este tiempo?», me pregunté.

Algo más que una autora

Concepción Perea es algo más que la autora de La corte de los espejos, el folletín El misterio de la caja Bethel, la seleccionadora de la antología Cuentos desde el otro lado… Concha es, sin duda, un culo inquieto; no para, tanto en temas literarios como de frikerío. Es la directora de Factoría de autores, donde además imparte cursos, charlas, talleres; fue la coordinadora del Máster de narrativa y creación literaria en la Universidad Pablo de Olavide; forma parte de la organización del Festival de literatura de Dos Hermanas; es activa en las redes sociales, cercana a sus fans (ya me gustaría a mí contar con una fracción de los suyos, aunque solo fuera para que me hicieran fanarts tan super molones como los que le envían) y…, mejor paro porque la lista es larga.

La Corte de los Espejos_nicasia

Impresionante fanart de Nicasia, para babear, obra de Calaveradiablo

Por todo esto y mucho más, merece no solo ser adoptada, sino que se la reconozca como la estupenda autora y gran persona que es. Así que prefiero pensar que os habéis dormido en los laureles, gente; pero bueno, yo encantadísima de adoptarla.

Y esto es solo el principio, una mera intro. Hay tanto que quiero contar que me da para unas cuantas entradas, en las que además espero descubrir (y descubriros) cosas interesantes de esta mujer. Así pues, Concepción Perea…, ¡te elijo a ti!

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Descubriendo a Alicia Pérez Gil

Quédate con este nombre porque merece la pena. Recuerda: Alicia Pérez Gil, escritora de terror.

La suerte, o whatever, quiso que Alicia se pusiera en contacto conmigo tras la publicación de la entrada «Reseña antológica». En dicho post comentaba lo poco o nada asidua que soy al terror además de lo especialita que soy con este género,  así que Alicia decidió lanzarme un reto: leer su antología titulada Inquilinos, disponible en Lektu con la modalidad Paga si te gusta. Quizás otro pensase «Menudo descaro», pero en mi caso, tras leer el largo email, me dije «Vaya. Qué bien escrito está lo que me cuenta». La cosas como son: si esa no hubiera sido la situación, probablemente le habría respondido «Sí, sí, claro, gracias por la info», y ahí habría quedado todo.

Por aquel entonces yo estaba en pleno #LeoAutorasOct y no me veía con tiempo para dedicarle, pero una tarde me dije «A la mierda. Me apetece algo diferente a la cifi» y cómo me alegro, la verdad. Me leí Inquilinos de una sentada y disfruté como una enana. Ya lo comenté en la reseña que escribí en Goodreads, pero lo repito por aquí: es un aperitivo delicioso, aunque no habría abierto la antología con la primera historia, «Visita de Cortesía», y ahora explico por qué.

InquilinosGRCuando descubrí en el primer párrafo que el relato iba de vampiros pensé «Ya estamos con lo mismo», y entonces leí con bastante desgana lo que me contaba. Pensé que por mucho que en cierto momento me estuviera contando un origen vampírico diferente a lo que una está acostumbrada o ya ha leído por ahí, todo iba a reducirse a lo típico. Sin embargo, el final consiguió que se me abrieran los ojos de simple sorpresa. «Uouh. Vale. No me lo esperaba. Mejor si, de momento, no doy nada por sentado». Y con esto en mente encaré la segunda historia y… madre, qué buena es esta mujer. El relato «Desobedientes» (con un aire que me recordó mucho al It de Stephen King, pero cañí) se ha convertido en mi favorito de todos los que le he leído hasta la fecha, y con él me rendí a sus pies.

El resto de cuentos, con sus más y sus menos, solo confirmaron que me había vuelto una fan de Alicia y que, en efecto, esta conseguía que me reencontrase con el terror. Esta autora no solo tiene voz propia, sino que cuando parece que lo que te cuenta ya lo has «visto» consigue sorprender en cada final. Unos cuantos me dejaron exclamando «Ualah» con admiración.

Tardé poco en escribirle un email entusiasta. Le comenté que, of course, había cosas por mejorar (especialmente en el apartado ortotipográfico), pero que haría lo que estuviera en mi mano para darle voz a esta antología.

«Jajaja. Está claro que me publicito poco», me respondió, aprox. Y es que yo pensaba que Inquilinos era lo único que tenía, y ni de lejos. Buceé en Lektu y descubrí que no solo ha participado en diversas antologías, sino que tiene dos relatos largos (entre trece mil y dieciséis mil palabras) auto publicados: Las voces y Deabru, ambos en modalidad Paga si te gusta. Ni qué decir tiene que me los agencié en cuanto pude. Quería comprobar si solo había sido suerte o si de verdad había encontrado uno de esos diamantes que tanto ansío.

¿El resultado? Pues siendo sincera, una de cal y otra de arena.

DeabruGREmpecé con Deabru y el arranque no me dio más; pero bueno, sabía que con esta mujer las sorpresas vienen al final, así que no pasaba nada. Había que darle tiempo para desarrollar la historia. ¿Y de qué va? Pues de una señora (si no lo entendí mal, de unos sesenta tacos) que se va de turismo a un pueblecito pesquero del País Vasco para desconectar (o quizás deba decir purificar) de los traumas que tiene con su hija. Deabru es el nombre del pueblo, que quizás una vez fue un lugar turístico, pero que ahora tiene pinta de medio abandonado, y la gente con la que se encuentra se empeña en hacerle sentir mal para que se marche.

La historia/situación me sonaba familiar, dado que no era la primera vez que leía o veía en una peli algo del estilo; claro que, para mí, eso nunca fue un problema. Llevo bien los tópicos si están bien contados. Sin embargo, la lectura me resultó un tanto conflictiva. Primero por los errores ortotipográficos que me encontré; segundo, porque tuve que releer un par de veces ciertos pasajes ya que me costaba saber quién había dicho qué; además de la sensación, en unas cuantas ocasiones, de que había habido un cambio de escena y me estaba perdiendo algo. Eso sí, y para variar, el final me moló, aunque me lo veía venir. Oye, un traspiés lo tiene cualquiera.

las_vocesSeguidamente, empecé Las voces y entonces volví a disfrutar como una enana. La historia arranca con la prota despertando en su casa y al lado del ligue que se tiró la noche anterior, y que no es otro que un compañero del curro; de esos que van de sobraos y en traje pero que están buenorros y sonríen que ni pa qué. En principio, su idea es despacharlo sin más, sin embargo, este no parece con ganas de pirar y, al final, acaban jugando al monopoly con unas reglas… un tanto especiales. En realidad, una excusa para contar una historia de fantasmas y, de nuevo, con niños de por medio. ¿Qué tendrán los críos que resulta tan perturbador? Por supuesto, ahí no queda la cosa.

Como digo, devoré el relato en un plis. Quizás, el único inconveniente de Las voces sea que me quedé con la sensación de que le faltaba una o dos páginas más para conseguir un final más redondo y menos precipitado. Eso sí, todo el trayecto fue una delicia. Me encanta la habilidad de esta mujer para que algo común/cotidiano parezca tan cercano y reconocible como retorcido desde el minuto uno.

Dicho todo esto, solo me queda decir dos cosas. La primera es que os animo a leer la antología Inquilinos. Me parece la mejor manera de descubrir a Alicia Pérez Gil, y todo su potencial, con una colección de relatos en lugar de con una única historia. Estoy convencida de que no os arrepentiréis.

Segundo, que estoy deseando leerla en un formato más extenso. No en relato largo, sino en novela corta (más de 17.500 palabras, si me rijo por las bases de los Premios Ignotus) o, lo que más curiosidad tengo, en novela. Creo que esta mujer tiene un potencial enorme y me apena que no se prodigue más. Claro que si es por causas ajenas a ella, ¡muy mal!

Sea como sea, Alicia, por lo que más quieras, no dejes de escribir.

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Horizonte Rojo de Rocío Vega

Bueno, bueno. Mucho hablar de que cada vez voy disponiendo de más tiempo, pero el blog sigue parado. Pues nada, nada; para solucionarlo voy a hablaros de Horizonte Rojo, una novelita space opera pergeñada por Rocío Vega y que me ha abierto el apetito por esta autora. Pero antes de entrar en materia, me gustaría poneros en antecedentes.

Supe de la existencia de esta novela a mediados del año pasado a través de Lektu. No voy a engañaros. Me llevé una tremenda sorpresa al descubrir el título; muy, muy parecido a Horizonte Lunar, mi primera novela publicada. Con cierto escepticismo (insisto: ¿para qué engañaros?), leí la sinopsis y casi me da un patatús. Space opera protagonizada por una mercenaria llamada Kerr. De nuevo, el nombre tenía una sonoridad similar a mi Crow, además de que antes de enrolarse en la HL ejerció durante años como mercenaria. Por supuesto, era plenamente consciente de que Rocío no tenía ni puñetera idea de quién era yo (mucho menos de mi obra) y que, las cosas como son, las mercenarias/marines espaciales molonas no son un concepto que yo haya inventado. Hay ejemplos a patadas (Samus Aran, Shepard, Vásquez…), así que llegar a puntos comunes no es tan descabellado [¹]; por no hablar de títulos[²]…

Sin embargo, y a pesar de que tenía pinta de ser palomitera, como a mí me gusta, no me animé de verdad a darle un tiento hasta el Celsius. Al terminar la mesa redonda en la que participé y bajarme del escenario, allí estaba Rocío, esperándome para comentarme cosillas sobre lo que yo había dicho. Y cuando me dijo quién era, le respondí «Ah, tú eres la de Horizonte Rojo. Pues le tengo ganas a tu novela». Por su reacción, sospecho que no se esperaba que yo supiera quién era, y en cierto sentido me sentí identificada, porque en más de una ocasión me ha pasado lo mismo. Pero lo importante aquí es que supe de inmediato que no se lo estaba diciendo de boquilla. Si tenía curiosidad, ¿qué cojones hacía sin leerla aún?

Así pues, cuando se fraguó el #LeoAutorasOct, tuve muy claro que el libro de Rocío iba a caer, sí o sí. Y vamos, el chichi agua cuando de una sentada me leí la primera entrega. Nueve euracos me he dejado al final para leérmelo entero[³] en ebook, la única pega que le pongo, y aun así, el estilo y la historia me han convencido. Pero bueno, yo he venido aquí a hablar de su libro. Pues ahí va:

Horizonte Rojo es un space opera palomitero, cargado de intriga, acción y sexo explícito. Hablo de capítulos enteros dedicados a contarte un polvo con pelos (nunca mejor dicho) y señales, de ahí que aparezca la etiqueta «erótica» en la descripción del libro. Aunque para mí el erotismo es otra cosa, pero como es lo primero que leo de esta índole, prefiero limitarme a dejarlo ahí.

Kerr es su protagonista; una tipa decidida, capaz y obsesionada con demostrar a su padre que es válida para el trabajo. Un detalle que para mí resulta importante, ya no solo porque eso influye en la manera de comportarse como líder de equipo, sino en las decisiones que tomará más adelante.

Centrándome ya en la historia en sí, como me lo leí por entregas, voy a dejar mis impresiones de cada una de ellas.

portada de Horizonte Rojo Vol. 1Vol. 1. Un encargo fácil. Esta es una historia de presentación, tanto del mundo como de los personajes. Rocío no se anda con zarandajas, algo que me encanta. Si eres de los que necesitan que se lo describan todo, olvídate. Los personajes hablan y se definen por sus actos, sin necesidad de incluir un trasfondo elaborado que les dé un propósito; las especies que aparecen en acción se describen, sí, pero con los rasgos justos para que nos hagamos a una idea, y punto; los cachivaches o la tecnología en general se mencionan como lo más normal, sin la necesidad de venderte sus características técnicas, y más cuando parece reconocible, en especial la que resulta plausible de aquí a unas décadas; y por último, se deja caer el tipo de sociedad existente, pero sin entrar en detalle, como a mí me gusta (la imaginación está para algo). En general, es una historia autocontenida, un capítulo piloto que te deja con ganas de saber más.

portada de Horizonte Rojo Vol. 2Vol. 2. Envío especial. De leerse del tirón, esta parte equivaldría, sin duda, al núcleo de la historia y que dará pie a la reacción que nos conducirá al desenlace. Aparte de una misión sencilla, que se huele a la legua que en algún momento se va a complicar, todo gira en torno a la relación de Kerr con la piloto y cómo, poco a poco, los lazos entre ellas se van estrechando. Aparte de las escenas de sexo, lo importante aquí es lo que Kerr está experimentando a nivel emocional. Confieso que (y puede que gran parte de la culpa la tenga que tardé un mes para encontrar un hueco y ponerme a leer esta continuación) me costó entrar por ello. En cierto sentido, por mucho sexo explícito que haya, soy poco dada al romanticismo; especialmente, cuando no hay ningún conflicto que anime el cotarro. Por supuesto, es mi impresión personal, y también soy consciente de que necesito estar del humor adecuado para que me interese. En cualquier caso, y objetivamente hablando, aquí las palomitas se apartan para tomar largos sorbos de refresco.

portada de Horizonte Rojo Vol. 3Vol. 3. Sin salida. Aquí se recupera el ritmo de la primera entrega/parte. Nuestra protagonista se las tiene que apañar para salir del atolladero en el que se ha metido y, algo que me suele gustar y a lo que recurro con frecuencia, encerrada en una nave, sin salida; como bien reza el título. Como digo, la acción vuelve a coger pulso y nos encontramos de nuevo devorando palomitas hasta la mismísima conclusión. Quizás lo único que me chirrió es que, durante el primer tramo, las acciones y la actitud de uno de los personajes (que no menciono por no hacer spoiler) no me terminaban de encajar con lo que había visto en la primera entrega; aunque al final se encauza a la idea inicial que se nos había presentado.

Dicho todo esto, planteándome la historia en su conjunto y siendo objetiva, la novelita me ha dejado un regusto amargo. Me explico:

Me encantan los finales tipo «Y vivirán miles de aventuras», me gusta Rea Kerr, tengo muy claro que seguiré leyendo sus aventuras; el mundo que plantea Rocío Vega me resulta cercano y cómodo; su estilo directo y sin florituras es de mi rollo y no dejaba de preguntarme, mientras leía, de qué sería capaz esta autora en otro tipo de escenario menos convencional, menos space opera donde prima la aventura pura y dura, sin mayor propósito que entretener ni pretender lo contrario. Sin embargo, y por mucho que sea fan del formato corto, me ha faltado profundidad.

Está claro que esta historia es solo una presentación para el meollo que, sospecho, vendrá en la siguiente entrega. Además, por mucho que sea un narrador en tercera persona, la perspectiva se centra en la protagonista, ergo es un punto de vista limitado y sin matices. De ahí que cuando llegué al final me dije «To be continued. Po’ fale. Acepto y compro barco». También es cierto que la etiqueta «erótica» no está ahí por nada. Para los consumidores de este género, hasta puede que la autora se haya quedado corta y le falten páginas. En ese sentido, no soy la persona más indicada para valorarlo. Es la primera vez que consumo.

En general, esto sería una serie de televisión, de esas que me trago en una sentada, y en la que, capítulo a capítulo, se va animando la cosa. Aun así, me pesan los nueve euros que me he gastado en ver el piloto. Lo más gracioso es que sé que me voy a pimplar la serie entera. No es masoquismo, es que la historia me interesa. Ha pasado mi regla de los tres capítulos, así que seguiré viéndola. Ahora bien, ¿a quién se lo recomiendo? A los amantes de la HBO, que no escatiman en tetas y culos, y a quienes les mola la ambientación cifi y quieren pasar un rato entretenidos, sin mayores pretensiones.

En cualquier caso, añado a Rocío Vega en mi lista de autoras. Seguiré las aventuras de Rea Kerr como el que se compra una bolsa de pipas, y esperaré con paciencia a ver de qué es capaz en otras etiquetas. Pero claro, eso es cosa suya, no mía.

Notas

[¹] Para los malpensados: no. Su Kerr y mi Crow no se parecen, por mucho que la sinopsis de la primera entrega indique lo contrario. Ambas son malhabladas y no tienen reparos en repartir hostias cuando les tocan los cojones, pero ya. Las personalidades distan mucho; sobre todo en cómo lidian con las emociones. Y sí, tanto en mi UC como en su sistema, hay especies que necesitan de un traje para moverse en la atmósfera de otros planetas, pero ya. En su universo está la Tierra y los cachivaches tienen nombre en inglés, y en el mío, ni de coooña. ¿Humanos? ¿Qué es eso?

[²] Emplear la palabra horizonte es algo muy típico en cifi. Horizonte lunar, Horizonte rojo, Horizonte 6 de la autora Caryanna Reuven, Horizonte final (Event Horizon, la peli)…

[³] No existe ebook con las tres entregas juntas (desde mi punto de vista, craso error). La recopilación solo está disponible en papel (a 15,90 en la editorial Café con leche). No hagáis como yo. Aconsejo leerlo del tirón. Ya decidís vosotros si preferís ahorraros 6,90 al adquirir los tres volúmenes en formato electrónico, o si os apetece tenerlo en papel. Con suerte, Rocío volverá a visitar el Celsius y os podrá firmar el ejemplar.

Ah, y lo sé. Las portadas no son un primor. Tampoco lo es la de mi HL. ¿Y qué?

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