Horizonte Rojo de Rocío Vega

Bueno, bueno. Mucho hablar de que cada vez voy disponiendo de más tiempo, pero el blog sigue parado. Pues nada, nada; para solucionarlo voy a hablaros de Horizonte Rojo, una novelita space opera pergeñada por Rocío Vega y que me ha abierto el apetito por esta autora. Pero antes de entrar en materia, me gustaría poneros en antecedentes.

Supe de la existencia de esta novela a mediados del año pasado a través de Lektu. No voy a engañaros. Me llevé una tremenda sorpresa al descubrir el título; muy, muy parecido a Horizonte Lunar, mi primera novela publicada. Con cierto escepticismo (insisto: ¿para qué engañaros?), leí la sinopsis y casi me da un patatús. Space opera protagonizada por una mercenaria llamada Kerr. De nuevo, el nombre tenía una sonoridad similar a mi Crow, además de que antes de enrolarse en la HL ejerció durante años como mercenaria. Por supuesto, era plenamente consciente de que Rocío no tenía ni puñetera idea de quién era yo (mucho menos de mi obra) y que, las cosas como son, las mercenarias/marines espaciales molonas no son un concepto que yo haya inventado. Hay ejemplos a patadas (Samus Aran, Shepard, Vásquez…), así que llegar a puntos comunes no es tan descabellado [¹]; por no hablar de títulos[²]…

Sin embargo, y a pesar de que tenía pinta de ser palomitera, como a mí me gusta, no me animé de verdad a darle un tiento hasta el Celsius. Al terminar la mesa redonda en la que participé y bajarme del escenario, allí estaba Rocío, esperándome para comentarme cosillas sobre lo que yo había dicho. Y cuando me dijo quién era, le respondí «Ah, tú eres la de Horizonte Rojo. Pues le tengo ganas a tu novela». Por su reacción, sospecho que no se esperaba que yo supiera quién era, y en cierto sentido me sentí identificada, porque en más de una ocasión me ha pasado lo mismo. Pero lo importante aquí es que supe de inmediato que no se lo estaba diciendo de boquilla. Si tenía curiosidad, ¿qué cojones hacía sin leerla aún?

Así pues, cuando se fraguó el #LeoAutorasOct, tuve muy claro que el libro de Rocío iba a caer, sí o sí. Y vamos, el chichi agua cuando de una sentada me leí la primera entrega. Nueve euracos me he dejado al final para leérmelo entero[³] en ebook, la única pega que le pongo, y aun así, el estilo y la historia me han convencido. Pero bueno, yo he venido aquí a hablar de su libro. Pues ahí va:

Horizonte Rojo es un space opera palomitero, cargado de intriga, acción y sexo explícito. Hablo de capítulos enteros dedicados a contarte un polvo con pelos (nunca mejor dicho) y señales, de ahí que aparezca la etiqueta «erótica» en la descripción del libro. Aunque para mí el erotismo es otra cosa, pero como es lo primero que leo de esta índole, prefiero limitarme a dejarlo ahí.

Kerr es su protagonista; una tipa decidida, capaz y obsesionada con demostrar a su padre que es válida para el trabajo. Un detalle que para mí resulta importante, ya no solo porque eso influye en la manera de comportarse como líder de equipo, sino en las decisiones que tomará más adelante.

Centrándome ya en la historia en sí, como me lo leí por entregas, voy a dejar mis impresiones de cada una de ellas.

portada de Horizonte Rojo Vol. 1Vol. 1. Un encargo fácil. Esta es una historia de presentación, tanto del mundo como de los personajes. Rocío no se anda con zarandajas, algo que me encanta. Si eres de los que necesitan que se lo describan todo, olvídate. Los personajes hablan y se definen por sus actos, sin necesidad de incluir un trasfondo elaborado que les dé un propósito; las especies que aparecen en acción se describen, sí, pero con los rasgos justos para que nos hagamos a una idea, y punto; los cachivaches o la tecnología en general se mencionan como lo más normal, sin la necesidad de venderte sus características técnicas, y más cuando parece reconocible, en especial la que resulta plausible de aquí a unas décadas; y por último, se deja caer el tipo de sociedad existente, pero sin entrar en detalle, como a mí me gusta (la imaginación está para algo). En general, es una historia autocontenida, un capítulo piloto que te deja con ganas de saber más.

portada de Horizonte Rojo Vol. 2Vol. 2. Envío especial. De leerse del tirón, esta parte equivaldría, sin duda, al núcleo de la historia y que dará pie a la reacción que nos conducirá al desenlace. Aparte de una misión sencilla, que se huele a la legua que en algún momento se va a complicar, todo gira en torno a la relación de Kerr con la piloto y cómo, poco a poco, los lazos entre ellas se van estrechando. Aparte de las escenas de sexo, lo importante aquí es lo que Kerr está experimentando a nivel emocional. Confieso que (y puede que gran parte de la culpa la tenga que tardé un mes para encontrar un hueco y ponerme a leer esta continuación) me costó entrar por ello. En cierto sentido, por mucho sexo explícito que haya, soy poco dada al romanticismo; especialmente, cuando no hay ningún conflicto que anime el cotarro. Por supuesto, es mi impresión personal, y también soy consciente de que necesito estar del humor adecuado para que me interese. En cualquier caso, y objetivamente hablando, aquí las palomitas se apartan para tomar largos sorbos de refresco.

portada de Horizonte Rojo Vol. 3Vol. 3. Sin salida. Aquí se recupera el ritmo de la primera entrega/parte. Nuestra protagonista se las tiene que apañar para salir del atolladero en el que se ha metido y, algo que me suele gustar y a lo que recurro con frecuencia, encerrada en una nave, sin salida; como bien reza el título. Como digo, la acción vuelve a coger pulso y nos encontramos de nuevo devorando palomitas hasta la mismísima conclusión. Quizás lo único que me chirrió es que, durante el primer tramo, las acciones y la actitud de uno de los personajes (que no menciono por no hacer spoiler) no me terminaban de encajar con lo que había visto en la primera entrega; aunque al final se encauza a la idea inicial que se nos había presentado.

Dicho todo esto, planteándome la historia en su conjunto y siendo objetiva, la novelita me ha dejado un regusto amargo. Me explico:

Me encantan los finales tipo «Y vivirán miles de aventuras», me gusta Rea Kerr, tengo muy claro que seguiré leyendo sus aventuras; el mundo que plantea Rocío Vega me resulta cercano y cómodo; su estilo directo y sin florituras es de mi rollo y no dejaba de preguntarme, mientras leía, de qué sería capaz esta autora en otro tipo de escenario menos convencional, menos space opera donde prima la aventura pura y dura, sin mayor propósito que entretener ni pretender lo contrario. Sin embargo, y por mucho que sea fan del formato corto, me ha faltado profundidad.

Está claro que esta historia es solo una presentación para el meollo que, sospecho, vendrá en la siguiente entrega. Además, por mucho que sea un narrador en tercera persona, la perspectiva se centra en la protagonista, ergo es un punto de vista limitado y sin matices. De ahí que cuando llegué al final me dije «To be continued. Po’ fale. Acepto y compro barco». También es cierto que la etiqueta «erótica» no está ahí por nada. Para los consumidores de este género, hasta puede que la autora se haya quedado corta y le falten páginas. En ese sentido, no soy la persona más indicada para valorarlo. Es la primera vez que consumo.

En general, esto sería una serie de televisión, de esas que me trago en una sentada, y en la que, capítulo a capítulo, se va animando la cosa. Aun así, me pesan los nueve euros que me he gastado en ver el piloto. Lo más gracioso es que sé que me voy a pimplar la serie entera. No es masoquismo, es que la historia me interesa. Ha pasado mi regla de los tres capítulos, así que seguiré viéndola. Ahora bien, ¿a quién se lo recomiendo? A los amantes de la HBO, que no escatiman en tetas y culos, y a quienes les mola la ambientación cifi y quieren pasar un rato entretenidos, sin mayores pretensiones.

En cualquier caso, añado a Rocío Vega en mi lista de autoras. Seguiré las aventuras de Rea Kerr como el que se compra una bolsa de pipas, y esperaré con paciencia a ver de qué es capaz en otras etiquetas. Pero claro, eso es cosa suya, no mía.

Notas

[¹] Para los malpensados: no. Su Kerr y mi Crow no se parecen, por mucho que la sinopsis de la primera entrega indique lo contrario. Ambas son malhabladas y no tienen reparos en repartir hostias cuando les tocan los cojones, pero ya. Las personalidades distan mucho; sobre todo en cómo lidian con las emociones. Y sí, tanto en mi UC como en su sistema, hay especies que necesitan de un traje para moverse en la atmósfera de otros planetas, pero ya. En su universo está la Tierra y los cachivaches tienen nombre en inglés, y en el mío, ni de coooña. ¿Humanos? ¿Qué es eso?

[²] Emplear la palabra horizonte es algo muy típico en cifi. Horizonte lunar, Horizonte rojo, Horizonte 6 de la autora Caryanna Reuven, Horizonte final (Event Horizon, la peli)…

[³] No existe ebook con las tres entregas juntas (desde mi punto de vista, craso error). La recopilación solo está disponible en papel (a 15,90 en la editorial Café con leche). No hagáis como yo. Aconsejo leerlo del tirón. Ya decidís vosotros si preferís ahorraros 6,90 al adquirir los tres volúmenes en formato electrónico, o si os apetece tenerlo en papel. Con suerte, Rocío volverá a visitar el Celsius y os podrá firmar el ejemplar.

Ah, y lo sé. Las portadas no son un primor. Tampoco lo es la de mi HL. ¿Y qué?

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Azul. El poder de un nombre

No le estoy dedicando todo el tiempo que me gustaría al blog (y a otros proyectos), pero poco puedo hacer al respecto. Las clases me tienen totalmente absorbida. Sin embargo, no quería romper mi promesa, así que, sacando ratejos de aquí y de allá, he conseguido, por fin, escribir mis impresiones sobre una de las novelas que leí para el #LeoAutorasOct. Esta es: Azul. El poder de un nombre. Samidak. Sí, lo sé, es larguísimo, por lo que me referiré a ella, simplemente, como Azul.

En cuanto a los antecedentes, debo decir que me costó una barbaridad decidirme por este libro, y eso que sentía verdadera curiosidad por él. Por una parte, Alejandro Caveda, de cuyo criterio me suelo fiar, dejó un comentario en Twitter poniendo bien la novela. Por otro lado, las valoraciones en Goodreads eran asombrosas. Hablo de una media general de más de cuatro estrellas. No obstante, muchas, muchísimas fueron las veces que pinché en el enlace que me llevaba a la web del libro para, finalmente, no comprarlo. ¡Casi novecientas páginas y solo disponible en formato papel! El precio, cojonudo, ojo, 20€, pero solo de pensar en el tochaco, me tiraba para atrás.

No consigo recordar la última vez que leí un libro de quinientas páginas o más (¿el tercero de Martin de CDHYF? Puede ser). Quien me conoce, o fue al Niebla y me oyó intervenir en las mesas redondas sobre antologías y/o la ciencia ficción actual, sabrá lo poco fan que soy de las novelas tocho que además son sagas, trilogías, etc. En ese sentido, aunque Azul es autoconclusiva, no me ha hecho cambiar de opinión al respecto. Dejad que me explique.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de la novela es que, para tratarse de una autora novel, Begoña Pérez conoce bien la herramienta de escritura; algo que agradezco enormemente. No os hacéis una idea del alivio que supone para mí el no estar «corrigiendo» mientras leo, el no tener que obligarme a desconectar y centrarme solo en la historia que me cuentan. Me chirría el leísmo (como buena parte de lo que leo escrito en castellano; una batalla que doy por perdida), pero no me salté ni un solo párrafo, que ya es mucho, y más con la facilidad que tengo para aburrirme. Al menos así fue hasta que al llegar a la página seiscientas me dije «Madre mía, aún me quedan casi trescientas para ver cómo acaba esto». Y ahí mi interés fue decayendo, a pesar de que lo que contaba encarrilaba, por fin, los eventos que iban a desencadenar la tan esperada resolución final.

Y es que Begoña lo cuenta todo. Absolutamente todo. Para quien le guste que se lo describan todo al detalle, y no hablo solo de los escenarios o la vestimenta o las especies, sino del sistema político de cada planeta, los antecedentes que los han llevado a la situación actual, la historia de cada personaje, etc., se lo pasará teta. Para quien, como yo, prefiere las novelas iceberg, lo va a pasar mal. En mi caso, me desesperé en más de una ocasión y le grité al libro «No me lo cuentes. Muéstramelo». Sobre todo cuando la cosa se ponía interesante y sentía que me estaban interrumpiendo la acción, y más cuando era para explicarme algo que o bien ya se había mencionado antes, o bien me lo acababa mostrando más adelante con hechos. En ese sentido, creo que a Begoña le ha faltado unos buenos lectores cero que le dijeran «Ajo. Te repites. Ajo».

Otra cosa que no me ha terminado de convencer es ese narrador omnisciente y omnipresente. Conoce los sentimientos de to quisqui, salta de una perspectiva a otra en la misma escena y sin inmutarse porque lo sabe todo… y te lo cuenta con pelos y señales. Ojo, en cierto sentido esto es algo que me recordó mucho a mis comienzos. Utilizaba ese narrador sabelotodo hasta en la sopa y me parecía de lo más normal, hasta que Rodolfo Martínez me cogió un día por banda y me explicó la importancia del narrador como herramienta y recurso. De ahí que entienda por qué la autora recurre a él, pero vistas las capacidades de Begoña, espero que sea anecdótico solo para esta primera novela.

Por último, me ha costado empatizar con la trama romántica, algo tremendamente importante en esta historia. Mientras se iba desarrollando no podía dejar de pensar que estaba orientado a un público juvenil. Y ya sabéis: en formato audiovisual lo engullo sin problemas (hasta con ganas), pero no cuando lo leo. Me cuesta horrores sentir simpatía por dos jovenzuelos que piensan que el mundo se acaba si la otra persona no está a su lado y no dejan de cometer estupideces por ello. No sé si es que una tiene ya una edad o es que soy poco romántica, pero me daban ganas de matar… para que dejaran de sufrir. Sin embargo, algo me dice que esto (junto a las escenas de acción; muy buenas, por otro lado) le han valido esas notazas en Goodreads.

url-2Dicho todo esto, Azul tiene puntos que me gustan. No le he puesto tres estrellas en Goodreads por nada. Para empezar, es una novela de aventuras, pura y dura, con una escenografía muy pulp de la que soy fan (vamos, debo de ser de las pocas personas a las que les moló Jupiter Ascending o que se lo sigue pasando pipa viendo Flash Gordon y cantando el «Ah-aaah…»). Aunque admito que al principio me costó entrar por ella porque  tenía la impresión de estar leyendo fantasía en lugar de ciencia ficción. Daba igual que leyera que algo estaba pasando en el planeta X o en el planeta Y; para mí era como si me hablaran del reino X o del reino Y. Es más, hasta la página setenta no dije «Vale, ya estoy centrada. Esto es cifi».

Por otro lado, cuando la acción entra en escena, engancha y se lee en un plis; aunque, como decía, los intervalos entre dichas escenas (relevantes para que la trama avance) son muy, muy extensos; lo que ha hecho que para mí Azul sea entretenida a ratos.

Si no recuerdo mal, Begoña Pérez ha definido la novela como palomitera en todas sus presentaciones. No estoy de acuerdo. Es una novela de aventuras, sí, y creo que es importante recalcarlo (además de que odio a quienes desprecian este tipo de literatura; sobre todo porque pienso que se publica poco, y siempre pongo a Verne como ejemplo de palomitas que ahora se las considera cool), pero está claro que ella y yo no compartimos la misma definición. Novela de aventuras y palomitera, para mí son cosas distintas.

En definitiva, Azul tiene todas la cosas que no me convencen de las novelas tocho y las juveniles. Es un libro novel y se nota (la ausencia de elipsis, el tipo de narrador…), pero también tiene los puntos suficientes para que me interese por la evolución de esta autora y lo que tenga que decir más adelante. Begoña Pérez ha llamado mi atención, pero para mí aún es pronto para incluirla en mi lista de must. Sé que no ha sido una reseña demasiado amable, pero también sé que aunque los comentarios entusiastas le alegran a una el día terriblemente, jamás hay que perder la perspectiva. Ahora toca esperar.

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Reseña antológica :-P

Como ya comenté en su día, además de la creación del grupo de Goodreads #LeoAutorasFantásticas, voy a empezar a incluir reseñas en este blog para dar visibilidad a autoras. Quizás no sea mucho lo que consiga, pero me da cierta tranquilidad de conciencia el saber que por lo menos seré activa en esta cuestión. Y qué mejor forma de arrancar que aprovechar la iniciativa del #LeoAutorasOct en la que ya anuncié que participaría con la siguiente lista de lecturas:

portadas

Pues bien, he decidido arrancar con una reseña doble, la de las dos antologías, porque aunque son de temática bien distinta, me sirve para recalcar la importancia de este tipo de publicaciones. Algo de lo que se habló en el Niebla con la mesa redonda titulada «El auge de las antologías o es que el relato no vende» y en la que destaco la reflexión de Ricard Ruiz, que venía a decir algo tal que: hay que apostar por ellas siempre y pese a todo. No fueron sus palabras exactas, pero más o menos.

Bueno, bueno. Al tema. Huy, espera, antes de arrancar quizás deba decir que esto no es una reseña per se, o mejor dicho, no es lo que yo entiendo por reseña. No voy a entrar a analizar aspectos formales o similares. Esto es una apreciación totalmente subjetiva, basada en mis gustos y mis fobias. Dicho esto, ahí va:

portada de Vienen a por ti.Vienen a por ti de Marta Junquera. Pincha en el título para ir a la página de Goodreads y ver más comentarios sobre la antología.

Para empezar, quiero dejar claro que desde hace años (y con años me refiero a más de una década) no leo terror. Conforme me fui centrando en leer ciencia ficción, casi en exclusiva, y mi etapa magufa quedó reducida a cero (sí, no nací siendo atea y no me avergüenza decirlo) mi interés por este género desapareció, básicamente porque me cuesta mucho no racionalizar las situaciones que me plantean; y salvo que se me jurara y perjurara que lo que iba a leer sería tan angustioso a lo Clive Barker, ni miraba pa’ ello.

Hmmm… Ahora que caigo, no estoy siendo franca del todo. Lo cierto es que, en mi papel de seleccionadora del Fabricantes, este año leí unas cuantas antologías de terror, como por ejemplo las que publica Saco de huesos o la selección que se hizo del Visiones centrada en la temática lovecraftiana. Lo que pasa es que me ocurrió lo que comento justo en el párrafo anterior (ya podéis empezar a llamarme Spock) y no he retenido nada. Pero vamos, que quede claro que por iniciativa propia no las habría leído y que soy un público difícil en este género.

Pues bien, a pesar de todo lo que acabo de decir, abordé Vienen a por ti con gran entusiasmo. No ya porque se tratara de una autora (en un género en el que estas tienen menos presencia aún que en la ciencia ficción), sino porque en la presentación del Celsius me vendieron la antología estupendamente; en especial Alberto M. Caliani, que es un crack. Eso por una parte. Por otra, me entusiasmó tanto la antología La maga y otros cuentos crueles de Elia Barceló (esta señora domina el relato con una maestría espectacular, sobre todo la parte malrollera) que, leídos los elogios a Marta, deseaba que alguien me reencontrara con el terror.

Y ¿qué puedo decir de Vienen a por ti? Que Marta Junquera escribe condenadamente bien y que esta antología se lee en un suspiro. ¿Contras? Que aunque me encanta lo bien que escribe y el estilo que tiene, salvo relatos muy, muy puntuales, los demás no me dijeron nada. En su favor diré que probablemente sea cosa mía, porque los relatos de ciencia ficción clásicos me tienen malacostumbrada con sus finales inesperados y esos giros retorcidos y chungos. Para este caso en concreto, quizás no esperes que maten a Fulanito o a Menganito en uno u otro cuento, por ejemplo, pero sabes que, con la situación planteada, va a palmar alguien seguro; y eso, para mí, le resta impacto. Insisto: para mí.

Eso sí, algo que me parece importante destacar es que Marta maneja la cotidianidad para ensombrecerla de manera muy acertada. En «La camisa», por ejemplo, la superstición convierte un objeto cotidiano en excusa para salirse de madre; en «Matar para no morir», nos acaba pareciendo de lo más normal las chungueces que hacen los miembros de dos bandas mexicanas si al tío al que le acaban de reventar de un balazo se levanta como si nada para liarse a mordiscos.

Dicho todo esto, que quede claro que si Marta Junquera termina por fin la novela en la que está trabajando (lo comentó en el Celsius) y se la publican, me la leeré, fijo. ¿Recomiendo su antología? Te la leerás en un plis, eso te lo aseguro. No se hace pesada, tiene un estilo muy dinámico… Pero si eres alguien que, como yo, no es fácil de sorprender, quizás te lleves un chasco. Y es que el terror, como el humor, es algo muy personal.

portada de Dieciocho engranajesDieciocho engranajes de Nieves DelgadoPincha en el título para ir a la página de Goodreads y ver más comentarios sobre la antología.

En este caso y como antecedentes, debo decir que soy una entusiasta de la ciencia ficción, mucho, y que siento debilidad por Nieves desde que leí «Casas Rojas» en la antología Alucinadas (relato por el que acabó llevándose, merecidísimamente, el Ignotus). Así pues, decir que abordé esta antología con muchísimo entusiasmo es quedarme corta. No me defraudó en absoluto, me lo pasé de vicio, aunque aparcaré a la fangirl que llevo dentro porque, objetivamente, no es una antología perfecta ni redonda. Me explico: vas a querer matar a Nieves en más de una ocasión.

Quien me conoce sabe que soy fan de los finales abiertos; esos que dejan al lector pensando y, en mi caso, imaginando todas las alternativas posibles. No me suele gustar ese «Fin», ese «The End» rotundo, generalmente porque no me los creo. Por ejemplo, con el «Vencimos al malo y volvimos a respirar tranquilos» me da la risa. «Pues no te queda mierda por superar. Que ahora empieza lo bueno, chaval: la reconstrucción», suelo pensar. Ahora bien, unos cuantos cuentos me dejaron con el culo torcido: una cosa es un final abierto; y otra, taaan abierto que parece un prólogo para lo gordo que está por llegar. Sobre todo cuando en esos relatos los escenarios que describe Nieves son tan molones que esos finales te dejan con la sensación de «Jodía, no me has dejado con la miel en los labios; has abierto el tarro superapetecible y luego te has pirado sin más. Y yo aquí, boqueando como una tonta». Eso sí, si por alguna de aquellas algún editor me estuviera leyendo, que sepa que me leería todas y cada una de las novelas (cortas o no) sobre esas historias.

Por otro lado, los últimos cuentos (cortísimos) que rematan la antología me parecen flojos y te dejan algo chof con todo el subidón que llevabas hasta ese momento. Cierto es que en mi caso me limité a chasquear la lengua y decir «Cachis», pero es que, además de ser una fangirl, soy una chica fácil de contentar: no necesito que los cuentos sean redondos, no me importa que parezcan prólogos, siempre y cuando la idea me deje flipando o rumiando; y Nieves lo consigue, incluso me dejó la sensación de que todo ocurre en el mismo universo, pero en distintos momentos de la línea temporal, muy alejados unos de otros. Quizás me esté columpiando, pero es lo que me transmite.

Resumiendo: si te gusta la ciencia ficción, échale un ojo. Le pasa lo mismo que al de Marta: se lee en un plis y hasta los que son primerizos están escritos de puta madre. Yo me lo pasé como una enana. Ahora bien, si eres de los que necesitan que los finales sean cerrados, o simplemente primas un cuento redondo antes que una idea cojonuda, lo vas a pasar mal. Si un cierre de antología flojo te hace despreciar toda la magia de la que te has empapado, olvídalo. Eso sí, quédate con su nombre: Nieves Delgado, futura Dama española de la ciencia ficción. Editores: estad atentos a cuando termine su novela.

Coda:

Quiero agradecer a la editorial Cazador de Ratas, y especialmente a Carmen Moreno, por seguir apostando por las antologías. Quizás la reseña de Vienen a por ti no haya sido todo lo entusiasta que era de esperar, pero me habéis descubierto a Marta Junquera, a la que pienso seguir con mucho interés.

Después de ver el catálogo de Adaliz ediciones, me sorprende y a la vez me alegra que hayan apostado por Dieciocho engranajes, y más aún cuando… Lo admito, con mi falta de tiempo me daba pereza bucear por la red en busca de los relatos de Nieves (venga, decidlo: soy lo peor). Tenerlos todos juntitos, seleccionados por ella, es un regalo.

Lo decíamos en esa mesa redonda que comentaba al principio e insisto ahora: las antologías tienen que existir pese a todo. No solo porque son un escaparate del género o de los autores (por cierto, olé por las antologías de un único autor), sino porque en este tiempo de prisas son el complemento perfecto.

Dame mis píldoras, dame mis dosis, dame mi droga para que la consuma a mi ritmo… y luego decida si quiero más y en mayor cantidad.

LARGA VIDA A LAS ANTOLOGÍAS.

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