Fragmentos de la Tierra Rota

Desde hace un tiempo me está costando leer. Será el agobio que llevo encima o vete tú a saber; la cuestión es que he empezado un montón de lecturas y he tenido que aparcarlas porque me daba cuenta de que no estaba del humor adecuado para ponerme con ellas y que, más que leer, estaba paseando la vista sin interesarme lo más mínimo lo que me estaban contando. Así pues, temía que, a pesar de las ganas que le tenía a Fragmentos de la Tierra Rota, mi humor raruno le jugara una mala pasada a la valoración final o bien dejara la antología aparcada una buena temporada, como me ha pasado con otros títulos. Pero ¿qué es Fragmentos de la Tierra Rota y por qué le tenía ganas?

Mariposas_oesteDescubrí a Elaine Vilar Madruga gracias a la antología Mariposas del Oeste, coordinada por Mariano Villarreal. El cuento de esta autora cierra dicha antología y es a la vez el que le da título a la colección. Recuerdo que cuando terminé de leerlo me dejó esa sensación que tanto me gusta de «Rediox, necesito más». Y es que el mundo roto, sucio y cruel que presenta Elaine es a su vez perturbadoramente hermoso y cargado de misticismo. Bielas y radiación frente a hadas y criaturas extrañas encumbradas como dioses. Así pues, cuando descubrí que Sportula iba a publicar la antología Fragmentos de la Tierra Rota, una colección de relatos ambientados en este universo, a mí se me hizo la boca agua.

Como comentaba al principio, el estado de ánimo afecta a la lectura y si se junta con las expectativas…, apaga y vámonos. Por eso, cuando abrí el libro, miré el índice y comprobé que solo contenía tres cuentos y una novela corta, me quedé un poco chafada, la verdad. Primero porque uno de los relatos ya lo había leído, «Mariposas del Oeste»; segundo porque tenía entendido que la autora tiene más cuentos ambientados en ese mundo posapocaliptico a caballo entre la ciencia y la magia; entonces…, ¿dónde estaba el resto? Y ahí reapareció el humor, dándome un patadón en la entrepierna.

Fui leyendo los cuentos, una a uno, con unos cuantos días de separación entre lectura y lectura. En mente, siempre lo mismo: qué bien escribe esta mujer; me gusta que los finales sean crueles; esto no puede ser prosa poética, como he leído por ahí, porque odio la poesía y esto me lo estoy tragando a gusto; cachis, no consigo sorprenderme del todo y terminar de engancharme; meca, ¿será el humor tonto que llevo encima?; bah, me da rabia, pero esto son tres estrellas en GR, no más. Que es una buena puntuación, ojo, (dos con cinco —2,5— es un aprobado), pero jo, quiero emocionarme y contárselo a todo el mundo… Así, sin demasiadas expectativas, me puse a leer la novela corta «Promesas de la Tierra Rota» y…, buah, me habría tragado una novela entera con esta historia. Aunque, a poco que lo piense, no deja de ser un paseo a lomos de un dragón, una excusa para describir una fracción más del mundo que plantea Elaine, otra pieza del puzzle que define el contorno. Un puzzle que, sospecho, jamás se va a completar, dejando la composición final a la imaginación de cada cual. Algo que, por otro lado, sabéis que me encanta.

Dicho todo esto y sospechando que no os estáis enterando de mucho, ¿qué vais a encontrar en esta antología y por qué creo que merece la pena darle una oportunidad? Dejad que os lo liste:

  1. Un mundo posapocalíptico desgastado y contaminado; lleno de horrores, pero también de desechos capaces de asombrar y dejar volar la imaginación. Cada historia muestra solo una parte de este mundo donde parece que hay una lucha constante y sin sentido. O quizás el sentido es que sin propósito para seguir adelante en una tierra devastada crear enemigos, un objetivo en el que centrarse, es la única manera de no caer en la locura. Por otro lado, buena parte de la tecnología que sigue en funcionamiento se ha pervertido y su razón de ser se ha transformado en una caricatura al servicio de la superchería [¹].
  2. Una prosa sin florituras, pero que al mismo tiempo evoca imágenes pertubadoras y sugerentes. Como he comentado antes, dicen que es prosa poética. Puede ser, aunque para mí no es poesía, sino sentimiento sin conservantes ni colorantes o potenciadores del sabor.
  3. Las historias mezclan con soltura fantasía y ciencia ficción, con unos límites difusos en distinto grado. Todo podría tener explicación «racional» y, al mismo tiempo, no tenerla y que además no importe. Esto lo recalco porque, como he comentado en más de una ocasión, cada vez me interesa menos la fantasía. Mi mente necesita que todo tenga lógica y sentido, y si bien devoro fantasía sin problemas en formato audioviosual (donde es fácil desconectar la mente), no me ocurre lo mismo en literatura (que como siempre digo: requiere un esfuerzo). Elaine, sin embargo, ha conseguido conmigo que a pesar de las veces que me he quedado pensando «¿Y esto qué será? ¿Una mutación?¿Un producto biogenético? ¿Y esto otro? ¿Tejido  hecho de fibra óptica?», al final he acabo exclamando «¿Y qué coooño importa? Mola, y punto».
  4. La sensación constante de estar leyendo cuentos como los de antaño, y sintiéndolos en las entrañas como aquellos que los escucharon por primera vez antes de que el tiempo los convirtiera en clásicos. Me explico: aun tratándose de un escenario posapocalíptico (mi hipótesis es que en realidad es post-posapocalíptico), las historias son mágicas, y no me quito la idea de la cabeza de que Elaine no trata de describirnos el mundo para que lo entendamos desde nuestra perspectiva moderna y en la seguridad de nuestras casa, sino que nos está relatando los cuentos que, de seguro, se cuentan junto a la hoguera en esa Tierra Rota y amenazante. Y la moraleja que no falte, por supuesto. Acéptate como eres, ten cuidado con lo que deseas, ándate con ojo con los desconocidos…

Fragmentos_TR

Claro que no todo son alabanzas. También están los detalles que me han hecho fruncir el ceño en más de una ocasión y me han sacado de contexto más de una vez. Son percepciones subjetivas, lo sé, pero las voy a listar de todas maneras:

  1. La más dolorosa para mí: emplear la palabra hombre como sinónimo de humanidad o de humano. Las ciudades de los hombres, las máquinas de los hombres, cachorro de hombre… Soy consciente de que hace unos años no me habría dado ni cuenta, pero ahora me chirría mil. Y si lo unimos al siguiente punto, el 2, la cosa empeora.
  2. Siempre me ha rondado por la cabeza que lo peor que nos podría pasar (a las mujeres) es un apocalipsis, porque supondría un retroceso bastante importante después de lo que hemos conseguido hasta ahora. Sin embargo, a pesar del pesimismo, me gusta plantear el positivismo [²], la esperanza. Aquí, Elaine plantea un mundo con roles de género marcado. Las mujeres son parideras; los hombres se encargan de lo demás, especialmente de guerrear. Cuando lo lees en un cuento aislado, bien, pero cuando la idea se repite una y otra vez, me acaba resultando un tanto molesta. Bueno, también hay brujas, pero no tienen un papel relevante.

Siendo objetiva y pensando en otro tipo de lector que no sea yo, creo que es de recibo avisar de lo siguiente: el mundo que ha creado Elaine no se explica, sencillamente es. Punto.  ¿De dónde han salido esos dioses extraños y a veces de pesadilla? ¿Qué es en realidad la Iroke o el mal de Nake? ¿Qué pasó en el mundo para que acabara convirtiéndose en esa mezcla entre razón y locura? Si eres de los que necesitan que se lo expliquen todo, lo vas a pasar mal y puede que hasta sientas frustración.

Por otro lado, si eres de los que necesitan acción y aventuras, tampoco es tu tipo de lectura[³]. Las historias son más bien de corte intimista que hablan de la relación con otros, de los propios miedos e inseguridades o de la pérdida de la inocencia en un mundo donde es necesario abandonar la niñez cuanto antes para poder sobrevivir.

En definitiva, Fragmentos de la Tierra Rota quizás no sea una antología para todos los gustos. Objetivamente, la prosa de Elaine y la manera de contar las historias es impecable, pero dado que apela más a las emociones (y como comentaba al principio, el humor y las expectativas deben acompañar) es posible que no todo el mundo quede satisfecho. Sin embargo, para mí esta mujer se ha convertido en un must e invito a todo el mundo a darle una oportunidad de conocerla con esta antología. Por mi parte, espero con impaciencia que se publiquen más títulos de esta autora en nuestro país.

Notas

[¹] Este mundo, creado por Elaine Vilar Madruga, junto al de Exilium, creado en conjunto por JG Mesa, Nieves Delgado, Miguel Santander, AG Mesa e Israel Alonso (y cuyos relatos pueden leerse en la revista SuperSonic #5) se han convertido en mis favoritos, los que más han calado en mi imaginación, precisamente por esa mezcla entre ciencia y superchería. Tanto uno como otro, los recomiendo encarecidamente.

[²] Por poner un ejemplo, no sé cómo será de fiel la película A ciegas a la novela Estudio sobre la ceguera de Saramago, pero ya os digo que odio profundamente la historia que se cuenta en la peli. Se expone y explota lo peor del ser humano, regocijándose en ello única y exclusivamente. Aunque para mí es muy fácil caer en lo atroz y soy consciente de los monstruos humanos que andan sueltos, también creo que somos capaces de hacer cosas increíbles, creo en el altruismo y creo que somos mayoría para hacer de este mundo un lugar mejor. Mira, quizás escriba algún día  un post de por qué a mí sí me gusta la película Tomorrowland.

[³] Me fascina cuando alguien me dice «Pero ¿cómo te va a gustar esa peli (o ese libro) si no hay tiros ni sangre?». Es cierto que soy una mujer de acción, que me aburro con facilidad, pero ante todo me gustan las buenas historias. Tú cuéntamelo bien, sin que se note que tratas por todos los medios de parecer sesudo, gafapastoso, o que intentas impresionarme sin más, y puedo tragarme, tranquilamente, una tarde de té, si la historia de fondo lo merece.

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