«Lee mucho», decían

Creo que todos somos conscientes de que el cerebro es como un músculo y necesita ejercitarse. También que la lectura es, sin duda, un excelente ejercicio para nuestra materia gris y que si no se tiene el hábito de leer, o se ha perdido por las circunstancias que sean, enfrentarse a ello es como lo de apuntarse a un gimnasio y dejarlo a las dos sesiones. Lo dicho, es un ejercicio, ergo requiere esfuerzo; eso sí, el resultado compensa.

Ahora bien, dejando de lado los innegables beneficios neurológicos y anímicos, hay dos afirmaciones asociadas a la lectura que si bien estoy de acuerdo con ellas, no lo estoy al 100%. Es más, me hacen torcer el gesto cada vez que veo algún meme de este tipo en FB, Twitter y similares. Así que, permitidme que reflexione sobre ello.

1. La ignoracia se cura leyendo.

Hasta hace unos años, estaba convencida de la verdad que encierra esta afirmación. Sin embargo, la ventana que me ha ofrecido internet para poder mirar más allá de mi círculo de amistades (o incluso leer casi diariamente a mis contactos en FB) me ha hecho, no cambiar de opinión, pero sí matizar la frase. Vale, la ignorancia se cura leyendo, pero leyendo ¿el qué?

No me gustan las declaraciones que empiezan con frases del tipo: «Hay dos clases de personas», «Hay tres clases de personas», «Hay cuatro clases de personas»… No obstante, cada vez me resulta más difícil apartar la idea de que están quienes se plantean el mundo o al menos están dispuestos a cuestionar lo que saben (o creen saber) en cualquier ámbito; quienes tienen pensamiento crítico, pero hay barreras que no están por la labor de derribar (o mirar siquiera en base a qué se erigen), y quienes, directamente, no tienen intención de saber qué hay más allá de su mundo porque están comodísimos en el lugar que están.

Los primeros están dispuestos a leer lo que sea, aunque les pueda resultar incómodo, comparar, buscar, confirmar/refutar y después asimilar lo leído; bien para añadirlo a su nueva visión del mundo, bien para saber cómo combatir los argumentos más adelante.

Los segundos están dispuestos a leer lo que sea; sin embargo, ciertas lecturas las abordarán con una negativa presente, siempre a la defensiva y pensando en la contraofensiva. Esto lo he visto mucho cuando se tratan temas idielógicos; de las tripas, como yo lo llamo.

Y luego están los terceros, que leerán mucho, sí, pero solo aquello que confirme lo que ya piensan, mientras rechazan de pleno todo lo demás y sentirán como un ataque lo que trate de desviarlos de su zona de confort y seguridad.

Así pues, no se trata de una cuestión de cantidad, sino de calidad o incluso de variedad. Tampoco puedes eleminar de la ecuación a la parte activa: el lector. Sin intención o predisposición, poco importa lo demás. Es más, echadle un ojo a la siguiente variante:

Dia+del+Libro+Frases+28

Ajá. Los padres no existen, son los libros.

Los críos leen lo que los padres les compran; así pues, empezarán a pensar con las preferencias de estos últimos. Salvo que la personalidad del crío acompañe, la responsabilidad de enseñar a pensar no recae en los libros, sino en los progenitores. Y tampoco vale tomarse la molestia de comprarle un «buen libro» para después limitarse a encasquetárselo y desentenderse. El efecto es el mismo que ponerlo delante de la tele y «Hala, aprende y no molestes».

Nadie va a aprender a pensar o a combatir la ignorancia solo leyendo (así, como por ciencia infusa). Si desde pequeño no te lo han inculcado o no lo has visto en ninguna parte, difícil será adquirirlo de mayor. Ya sabéis: cuanto más viejo, más pellejo.

En definitiva, la intención es lo que cuenta. Si estás dispuesto, leer te ayudará a combatir la ignorancia. Si no estás dispuesto, leer te ayudará a mantener un cerebro sano, pero no te quitará la venda de los ojos. Ni a ti, ni a nadie.

2. Para escribir bien tienes que leer (o haber leído) mucho.

Esto es cierto. Sin unos buenos cimientos no se construye una buena casa. Aunque no soy de las que opinan que hay que leer los clásicos, sí o sí, para que la base sea sólida. En mi caso, no he leído El Quijote o Cien años de soledad. Quizás lo intente algún día, o quizás nunca. Pero no se te ocurra decir que no tengo criterio porque no he leído nada de Tostón, quiero decir de Tolstoi. Y en cuanto a mi faceta de escritora, está clarísimo que no he vendido un millón de copias de mis novelas porque se nota un porrón que no he leído Fortunata y Jacinta. Por supuesto, por supuesto.

Por otro lado, yo lo siento mucho, para muchos va a ser una putada lo que voy a decir, pero… leer no imbuye a nadie de habilidades (¡Por el poder de Grayskuuuul…!) para ser escritor o, simplemente, escribir bien. Soprendentemente, conozco a bastante gente que sé de buena tinta que lee todo lo que caiga en sus manos y luego no se les entiende nada de lo que dicen en un hilo de FB, por ejemplo. Desparraman los dedos en el teclado y, hala, como salga.

Pero aún hay más:

No te fíes de todo lo que lees

«La novela mola mucho, pero el texto parece una mala traducción del inglés», eso es lo que me dijo alguien hace unos años. Pero no cualquier alguien, sino una persona que se dedica profesionalmente a la corrección.

Me reí. Recuerdo que me reí mucho (a pesar de lo triste del tema) porque no podía negárselo. El 90% de lo que he leído a lo largo de mi vida son títulos de autores extranjeros. Luego lloré, metafóricamente, al darme cuenta de la chunguez que me acababa de soltar. Y he seguido llorando desde entonces porque he visto esos mismos «fallos de traducción» en obras escritas directamente en español.

Cito unos cuantos ejemplos obvios.

a) Traducir/incluir el shelf/shelves. «Se vio a sí mismo en el espejo», «Se preguntó a sí mismo», «Te dices a ti mismo»… En español existe el REFLEXIVO, no necesita ningún añadido para que quede claro. «Se vio en el espejo», «Se preguntó», «Te dices»…

b) Traducir el -ing (making, feeling…) siempre por gerundio cuando en español tiene un uso muy específico: además de perífrasis verbal, indica SIMULTANEIDAD. Dejo un enlace al Fundeu que lo explica mucho mejor que yo con unos cuantos ejemplos, hacia el final, de malos usos. (http://www.fundeu.es/noticia/el-gerundio-6119/)

c) Que bizarro haya acabado por convertirse en raro, extraño ya no le sorprende a nadie. A mí, sin embargo, empieza a tocarme los cojonzuelos ver honesto en lugar de sincero. Aunque es más sangrante que se traduzca fuck por jodido y encontrar cosas como «Jodidos críos» en lugar de «Malditos críos». Ah, bueno, y el do traducirlo siempre, siempre por hacer. En español hacer implica otra cosa. De verdad, ¿a nadie le molesta ver lo siguiente?:

—¿Estudiaste la lección? (Did you studied the lesson?)
—Lo hice (I did)

¿No queda mejor de la siguiente manera?

—¿Estudiaste la lección?
—La estudié. (Y si no quieres repetir palabros, estudiaste/estudié, pues di «Así es», por ejemplo. Soluciones hay varias).

d) «Le dijo a ella», «Le comentó a Pepe»… Esto no sé si es una mala traducción per se, pero fijo que es una REDUNDANCIA. «Le dijo», «Le comentó», y si se quiere recalcar a quién: «Dijo a Mirella», «Comentó a Pepe».

Todo esto que comento (y que, como decía, también he visto en autores en lengua castellana) se evitaría si las editoriales no intentaran escatimar gastos como sea.

Corrector de estilo, señoras y señores. No se salten un paso y contraten a estos profesionales si quieren que su sello sea garantía de calidad. Que sí, que vale, que en una pequeña editoral puedo entender la ausencia, pero en una grande es para matar.

Justo el domingo, uno de mis contactos, Ángeles Pavía Mañes, publicó en FB la siguiente foto:

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Si quisiera aprender ortotipografía solo leyendo, con cosas como esta lo tendría crudo.

Se trata de un extracto (página 27) de la edición limitada del 60 aniversario de Soy leyenda de Richard Matheson (25 euracos de lo que no deja de ser una novela corta/relato largo) publicado por Minotauro. Ya sabéis, del grupo Planeta.

Esto ya no es una mala traducción, es un escándalo. Insisto: son 25 euracos, coño. Con ejemplos así, ¿cómo voy a decir que para escribir bien hay que leer mucho? Casi se podría decir lo mismo que en el apartado anterior: pero leer, ¿el qué?

Conclusión

Lee mucho. Leer mola mogollón. Leer es sano para tu cerebro, pero no te fíes de todo lo que lees. Cuestiona la forma, cuestiona el contenido. Busca, compara, asegúrate. Leer es un arma: mortal o inútil dependiendo de quien la empuña. Pero ojo, no es un arma mágica. La magia la pones tú y también quien escribe las historias.

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