Los rostros del pasado

La semana pasada Sportula anunció buena parte de los títulos que publicará a lo largo de 2015. Entre ellos está la versión en papel de Alucinadas, donde se incluye mi relato La plaga, y Los rostros del pasado, novela escrita entre Rodolfo Martínez y una servidora.

Antes de hablaros de mi experiencia en este proyecto, creo que es conveniente poner en antecedentes a los neófitos, así que allá voy:

adeptoreinaLos rostros del pasado es la tercera entrega de las novelas de Rodolfo Martínez ambientadas en Érvinder e iniciada con El adepto de la Reina. ¿De qué va eso? Pues relata las peripecias de Yáxtor Brandan, adepto empírico al servicio de la Reina; una especie de James Bond en un mundo… ¿renacentista steampunk semimágico? Hmmm… creo que es difícil de clasificar. Sobre todo porque la línea entre la fantasía y la ciencia ficción se vuelve muy, muy borrosa, y es cosa del lector decidir cosas como si los mensajeros que tanto se utilizan son en realidad la fuente de la magia o si son algún tipo de nanobots, o quizá sea una mezcla de ambas posibilidades.

Aunque soy super fan de esta saga, debo comentar dos cosas:

La primera es que he tenido la enorme de suerte de asistir al proceso creativo y conocer de primera mano las intenciones de Rudy respecto a la concepción del mundo y hacia dónde tiene intención de dirigir la historia, así que, obviamente, le saco mucho más jugo a cada una de las palabras que él escribe en estas historias. Eso es enchufe y lo demás son tonterías, lo admito sin rubor. Pero bueno, a los demás fans les pido paciencia porque de verdad merecerá la pena.

La segunda, como le comenté a Rudy en su día cuando me pasó El adepto de la Reina para que la leyera antes que nadie (insisto, enchufe): «Porque eres tú, que si no, no habría pasado de la primera parte. Y menos mal, porque mola un montón».

Confieso que detesto al James Bond de las películas originales, y Yáxtor Brandan lo recuerda a la perfección. Es decir, representa el sueño húmedo de cualquier hombre. Un tipo duro, una máquina de picar carne, diestro hasta las trancas y con una habilidad natural: chasquear los dedos para que cualquier piba que se le ponga a tiro moje bragas. ¿Cómo voy a sentir empatía por un tipo así? Por cierto, tengo entendido que el personaje literario no es así. Manda hués.

Sin embargo, a partir de la segunda parte de la novela los personajes secundarios toman el control, Yáxtor se vuelve menos detestable (insisto, para mí, como mujer) y la historia toma un cariz que la vuelve terriblemente adictiva. Eso, junto a la descripción del mundo, te deja con ganas de más y más.

jardinmemoriaEs posible que algunos piensen que en El jardín de la memoria, la segunda novela, el personaje se suaviza. No lo veo así. Sigue siendo un cabrón, pero adquiere una profundidad que al menos te permite empatizar con él.

Aquí va otro alto en el camino, que viene a colación aunque no lo parezca, y que quiero destacar: desde mi punto de vista, Rodolfo Martínez es el escritor del fantástico (sobre todo de ciencia ficción) capaz de crear los mejores personajes femeninos que he leído, cosa que no he descubierto en otros autores españoles  (no, no estoy utilizando el masculino genérico), y esta saga está repleta. La Reina, Asima, Yoranna, Mizuni, Itasu… y Ámber. Oh, mi Ámber.

Que ¿quién es? Pues la difunta esposa de Yáxtor. En El adepto de la Reina solo se la menciona de pasada, pero me sucedió lo mismo que cuando mencionan a las ksatryas en la primera novela del universo Akasa-Puspa (y que fue el origen de que escribiera La textura de las palabras). Pensé: la historia de esta mujer tiene que ser superinteresante para estar casada con un psicópata como él.

En El jardín de la memoria, Ámber adquiere un protagonismo especial aunque sea a través de sueños. Es más, la descripción que hace Rudy de ella, sobre todo en la manera de comportarse, encajaba a la perfección con la idea que me había hecho. Así que cuando vi que Chema Mansilla escribía un relato ambientado en Érvinder (que a Rudy le moló y decidió publicar), vi mi oportunidad y le dije «¿Me dejas escribir una historia sobre Ámber? No pido que me la publiques, pero ¿me dejas?, ¿eh?, ¿eh?».

Así nació la novela corta Adepta. Al igual que con La textura de las palabras, era mi forma de saciar la curiosidad y quedarme más tranquila, además de incluir el personaje de Asima (del que me enamoré desde que aparece la primera vez) y el de Shércroft (que Rodolfo Martínez hizo aparecer en la novela corta Detective, y que también me encantó).

Bueno, expuestos los antecedentes, va siendo hora de entrar en materia.

No recuerdo el momento exacto en el que surgió la idea para esta tercera entrega que no tiene que ver con el título anunciado al final de la segunda, La sombra del adepto. Aunque sí tengo la sensación de que fue algo natural, casi inevitable.

Por una parte, como buena fan, fui todo lo mosca cojonera que pude cuando encontraba la ocasión adecuada (sé que presionar a Rudy cuando no está por la labor es contraproducente). «¿Has visto la última temporada de 24?, porque creo que te inspiraría», «Cuando veo esta peli, no sé por qué, me acuerdo de Yáxtor, ¿de verdad no vas a escribir otra?»…

Por otra parte, Rudy llevaba tiempo contemplando la posibilidad de publicar en papel los relatos y las novelas cortas que habían salido solo en formato electrónico a través de Sportula, pero el proyecto nunca terminaba de materializarse.

rostrospasado

Como digo, no recuerdo el momento en el que él dijo: se me ha ocurrido esta idea para la siguiente de Yáxtor. Solo sé que no le hizo falta preguntarme si quería escribirla con él. Creo que ambos dimos por supuesto que así sería, porque con lo ocupado que estaba Rudy con otros proyectos, solo de esta manera Los rostros del pasado saldría adelante.

La única condición que puse fue que esta novela no iba a ser solo una colección de cuentos, y es que como yo era capaz de ponerme en la piel del fan, sabía que de no ser así, el resultado podría ser cabreante para los que ya se hubieran leído las historias. Al menos, esa era mi opinión y a él le pareció bien.

Hasta ahí todo estupendo. Suave como la seda. El problema para mí llegó después.

No era la primera vez que trasteaba con el juguete de alguien. La diferencia, sin embargo, fue que hasta entonces me las había apañado para encontrar un punto en el universo de los demás para escribir una historia que pudiera considerarse como independiente. En Adepta, por ejemplo, lo centré en el microuniverso de las Casas de la Curación, de las que apenas se sabía nada y que Rudy tampoco se había planteado desarrollar. Pero para Los rostros del pasado no bastaba con que conociera cuál era la historia que había detrás, las raíces de lo que estaba por venir; necesitaba saber detalles específicos del mundo, de cómo funcionaba.

Una cosa era lo que yo me había imaginado, y otra lo que el autor tenía en mente. No podía correr el riesgo de escribir algo y luego tener que borrarlo y empezar de nuevo porque no se pareciera ni por el forro a la concepción inicial. Sería una pérdida de tiempo y esfuerzo brutal.

Esa fue, sin duda, la parte más complicada y tediosa de todas. Atiborrar a Rudy a preguntas, largos emails de réplica, los esquemas de mi libreta cada vez con más flechas e interrogantes, alguna discusión aquí y allá… Si habéis leído la entrada Destripando La plaga, sabréis que aunque haya cuestiones que no se van a ver reflejadas en el texto y que no me voy a parar a describir, necesito tenerlas claras en la cabeza para tener la sensación de coherencia interna. Y este caso no era una excepción. Vale que en ocasiones eran detalles sin importancia, pero no para la manera en la que compongo historias.

Superado ese inesperado bache inicial, y que me dejó claro que para mí una cosa es escribir a cuatro manos una historia nueva y original, y otra partir de algo que ya existe, todo lo demás fue rodado. Al menos el resultado final ha sido muy satisfactorio para ambos.

¿Y cuál es ese resultado? Pues para los que no leyeron en su día las historias publicadas en ebook, descubrirán a través del pasado de Yáxtor (intercalado con lo que está sucediendo en el presente) una trama que lleva tiempo gestándose y que es el origen de La sombra del adepto; mientras que los que las leyeron descubrirán que esas historias, sin relación aparente, trataban de algo más.

Personalmente creo que esta novela era necesaria. Si Rudy hubiera decidido ponerse directamente con La sombra del adepto y entrar en materia, sospecho que el lector se habría perdido buena parte del impacto, sobre todo de la trascendencia que realmente conlleva. Al fin y al cabo, la opción de detenerse a explicar las motivaciones que hay detrás podrían ralentizar la trama, o peor: parecerse demasiado al info dump; algo que tanto Rudy como yo odiamos.

Y para terminar, dos confesiones:

La primera es que jamás pensé que mi nombre aparecería junto al de Rodolfo Martínez, al que admiro como escritor y como persona. Que me haya dejado ser partícipe desde el principio y además haya confiado en mí para llevar a cabo esta novela, juntos, es impagable.

La segunda es que me muero de ganas por que leáis Los rostros del pasado, y al mismo tiempo estoy de los nervios por lo que os pueda parecer. Creo de verdad que la espera os merecerá la pena, pero claro, mi implicación es mucho mayor, así que mi opinión no cuenta demasiado. Es cosa vuestra juzgar el resultado.

A mí solo me queda decir: ya queda menos ^^

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