Pena, penita, pena

Quienes me conocen saben que, desde hace ya unos cuantos años, soy adicta a pelis y series asiáticas. Como muchos, supongo, empecé con material japonés (por aquel entonces, para mí Japón era lo más, aunque no era ni soy de las que opinan que son todos estupendos y que su cultura es lo mejor de lo mejor, señor) y me costó muchísimo decidirme a ver una serie coreana. Eso sí, en cuanto me puse con una caí rendida, y hasta hace poco no volví con los dorama (serie, en japonés).

Las series coreanas me resultaban mucho más atractivas, principalmente porque las historias eran más oscuras y retorcidas y no siempre acababan con un final feliz. El malo seguía siendo un cabronazo hasta el final y tampoco se daba cuenta guanderrepente de lo equivocado que estaba y pedía perdón al bueno, por ejemplo. Algo que me sacaba de quicio en las otras.

Otro detalle que me hizo decantarme por los drama (series, en coreano) fue el hecho de que los personajes femeninos eran mucho más interesantes, de carácter fuerte y decidido. La verdad es que estaba harta de niñas kawaii, incapaces de soltar un taco y de dar un grito aunque solo fuera porque las estaban puteando. También se pueden encontrar este tipo de personajes en las series coreanas, por supuesto, pero habiendo dónde elegir, me buscaba otra, y listo.

Me he nutrido de thrillers, policiacos, históricas… y sip, también románticas. Aunque no son las que más, de tanto en tanto consigo dar con alguna que me engancha a más no poder. Y aquí es donde empieza el porqué de este post.

Todos los años, en la web asiática en la que estoy suscrita se organiza una votación entre los usuarios para decidir qué películas, series, animes y grupos de música de distintos países han sido los mejores del año anterior. Solo he participado dos veces y con esta última he decidido que… en efecto, va a ser la última.

Calculo que el 90% de los usuarios (así, a ojo) que consumen sobre todo series más que pelis (lo digo por lo visto en la participación de los distintos foros) son mujeres. Así que aunque suene a topicazo (las cifras están ahí), las series vencedoras rara vez no son románticas. Hasta ahí, pues fueno, pues fale, la corriente mayoritaria es lo que tiene y mi gustos, obviamente, no son la norma. Es como si me cabreara porque el interés por la ciencia ficción, por ejemplo, no está extendido en todo hijo de vecino. Absurdo, vamos.

Ahora bien, cometí el error de ver dos de las series ganadoras de distintos años. La primera me la tragué entera para evitarme el «Es que la dejaste justo cuando empieza lo bueno»; con la segunda, aguanté como una campeona hasta el capítulo cinco y la dejé con un cabreo monumental. Una cosa es el romanticismo, y otra bien distinta es aceptar una oda al machismo. Pero lo que es triste, triste de verdad, es que un porronazo de mujeres vean con buenos ojos lo que allí se cuenta.

Vistas ambas series con perspectiva, la primera, Secret Garden, no es tan ofensiva: un ricachón engreído de mierda se fija en una chica pobretona que trabaja como especialista y doble de escenas de acción, y decide que como ella es de baja estofa la puede tratar como le rote, humillándola si hace falta, para que se fije en él. Ella lo manda a la mierda varias veces con la boca pequeña (porque como en el fondo está bueno…), hasta que cede y decide cambiar por él. ¡Toma ya! Lo de que a mitad de serie se intercambien los cuerpos porque ha salido la luna nosedonde (ya ni me acuerdo, solo sé que era ridículo), os juro que es lo de menos.

En cuanto a la segunda, A Gentleman’s Dignity, se suponía que iba sobre un grupo de amigos cuarentones y sus problemas en la vida y tal. Pues bueno, en realidad va de un mujeriego con pasta y pagado de sí mismo que le echa el ojo a una sosainas que pasa de él porque suspira por el amigo. Así que, ¿qué hace el chaval? Acoso y derribo. Y cuando digo acoso, es literal. La espía, la persigue por todas partes, no deja que nadie se le acerque, la chantajea para que lo piropee delante de todo el mundo, se pone medio en pelotas, la acorrala contra la pared y se restriega contra ella… ¿En serio? ¿En serio ninguna de las votantes vio un comportamiento ofensivo? En cualquier situación cotidiana, eso es acoso. Punto. ¿De verdad hay mujeres que piensan que eso es romántico? O mejor dicho: ¿tantas lo creen?

Me da pena. Pena y rabia. Es más, el otro día leí un par de comentarios en uno de los foros, que me dejaron de piedra. Park Min Young es una actriz que me encanta y sus papeles en City Hunter, como uno de los guardaespaldas de la Casa Azul (la Casa Blanca coreana), y Sungkyunkwan Scandal, como una chica en la era Joseon que se hace pasar por hombre para poder estudiar en la universidad, me dejaron babeando. Pues bien, leo en el foro de Healer (la serie que están emitiendo ahora y donde ella es coprotagonista) perlas como «PMY me cae mal por ser la ex de Lee Min Ho (prota de City Hunter)» o «No la trago. Serie en la que sale, serie en la que se lía con el compañero». WTF? Os ha faltado llamarla zorra, bitches. ¿Qué tiene que ver su vida privada en todo esto? ¿Y por qué tengo la sensación de que suena a «Me lo has birlado, guarra»? Sí, claro, la misma oportunidad que tenías con Brad Pitt o Benedict Cumberbatch. Igual, igual.

Pues eso. Como mujer me da pena, penita, pena todo esto. Pero me cabrean aún más los gritos indignados porque alguien lleva una camiseta con chotonas dibujadas, mientras aplauden (y a veces hasta suspiran) cuando ven en una serie comportamientos machistas con chotón de por medio, claro. En fin…

Afortunadamente, y como comento al principio, son muchas las series coreanas que me gustan, con personajes e historias interesantes. Hmmm… Curioso. Las que me molan no están destinadas a un público estrictamente femenino. Vaya.

Publicado en Reflexiones, Series Asia.

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