Primera escena

No hacía una día especialmente bueno; tampoco interesante. A través del gran ventanal del aula, Knails veía a los estudiantes de otros cursos dirigiéndose a las distintas áreas del recinto con un espíritu tan muerto como la clase de lenguas antiguas del profesor Kall.

Contuvo un suspiro apesadumbrado mientras seguía con la vista perdida en ninguna parte y los dedos jugueteando perezosamente con el lóbulo de la oreja. Diecisiete años. Aún le quedaban diecisiete años en aquella cárcel que llamaban academia.

Por supuesto, nunca diría aquello en voz alta. Hasta ahora, y por lo que había podido comprobar, los estudiantes parecían… tal vez felices no fuera la palabra, pero sí conformes con el rol que debían desempeñar; algo que no dejaba de ser curioso. La academia siempre había hecho especial hincapié en que cuestionar la realidad formaba parte fundamental del principio gnöck. Para Knails, sin embargo, la actitud conformista de los estudiantes no era más que la voluntad encubierta de dejarse arrastrar por el sistema, permitir que otros tomen las decisiones por uno mismo; en definitiva, no cuestionar la autoridad. Ciertamente, delegar la responsabilidad en el inmediato superior debía de aliviar una carga muy pesada; y aun así, ¿por qué, a diferencia de sus compañeros, a él le resultaba tan difícil aceptar su papel como un engranaje más?

Descubrió que hacerse aquella pregunta con relativa frecuencia no le provocaba picazón alguna. A fin de cuentas, estaba siguiendo las enseñanzas sobre lógica y razón, ¿no? Ahora bien, vista la actitud de los demás, pensar que tal vez fuera el único que se lo estuviera planteando lo aterrorizaba en cierta manera. ¿Realmente estaba tan solo como parecía?

—¿Lok Knails?

A la llamada del profesor Kall le siguió la horrible sensación de que miles de agujas incandescentes lo atravesaban de parte a parte, desde las plantas de los pies hasta la mismísima coronilla. La descarga eléctrica apenas duró un instante, pero fue suficiente para que el cuerpo se le derrumbara plomizo en el pupitre cuando la corriente se detuvo.

Aquella era la manera que tenía el profesorado para que los alumnos les prestaran atención y, al mismo tiempo, inculcarles la idea de que aquel capaz de infligir un daño atroz, sin duda ni remordimiento, merecía más que respeto.

Oh, sí, se podían mantener discusiones con algún profesor, siempre y cuando entrara dentro de los parámetros que este entendiera como razonables. Una subida de tono que considerase inapropiada, por ejemplo, y el alumno podía acabar hecho un ovillo en el suelo entre horribles convulsiones.

—¿Está con nosotros, Lok Knails? —insistió el profesor, sin malicia, sin burla.

Lok. Odiaba aquel apelativo. Casi ochenta y tres años ya con él y aún tendría que soportarlo otros diecisiete. Lok: chiquillo. En otras culturas, con una esperanza de vida muchísimo más corta que la de un gnöck, claro, sería considerado un anciano, pero mientras no terminara la academia seguiría obligado a llevarlo, igual que el resto de sus compañeros. Lok, un lastre; como una marca que se le hace al ganado o a los esclavos, una forma de decirles que aún no eran nadie. ¿Y el tratamiento cortés? Puro distanciamiento en realidad. Nada que ver con el respeto o un trato de igual a igual.

—Disculpe, profesor Kall —consiguió decir sin parecer tan dolorido como en realidad estaba—. Ha sido usted muy amable.

Sí, también se esperaba que dijera aquello. Mostrar agradecimiento por no haberle impuesto un castigo más severo.

—Bien, pero no me contendré una segunda vez. Prosigamos.

Diecisiete años. Diecisiete años más para acabar de ser moldeado como otro engranaje de tantos dentro de la maquinaria jerárquica gnöck. Sin embargo, Knails no estaba dispuesto a aceptarlo tan fácilmente.

«No quiero encajar. Me gustan mis aristas y mis rebabas. Admito que soy infeliz sabiendo que soy diferente y que, por mucho que las matemáticas me den la razón y probabilísticamente haya otros que opinen como yo, estoy solo; pero no me importa. Me adaptaré al troquel con mi aleación intacta. ¿Qué puede salir mal?»

***

Nota 1: Lo sé, la maquetación es horrenda, pero es lo que me permite la plantilla del blog.

Nota 2: ¿Habéis reconocido al personaje? ¿Os hacéis una idea de qué va a tratar la siguiente novela? Espero que así sea.

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